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lunes, septiembre 30, 2019 |
Es frecuente que la palabra «cólera» evoque escenas de extrema violencia. En consecuencia, se tiene un gran miedo a experimentar esta emoción. A algunos maestros espirituales les resulta extremadamente difícil ver en la cólera y en el deseo de venganza realidades psicológicas en sí mismas sanas. En virtud de una concepción del amor mutilada, consideran que hay que reprimir cualquier impulso agresivo. 

Pero, ¡cuidado! No se trata de fomentar o alimentar el resentimiento. Es frecuente la confusión entre la emoción espontánea de la cólera y el resentimiento. Y es preciso distinguir desde el principio la emoción pasajera de la cólera y el deseo de venganza del sentimiento voluntario y cultivado de odio o de resentimiento. Aunque la cólera sea un movimiento violento del alma, tiene, pese a las apariencias, elementos positivos. Es una reacción normal ante una injusticia, una búsqueda de autenticidad y un esfuerzo para suprimir el obstáculo que oculta el amor ajeno. El resentimiento, por el contrario, se implanta en el corazón humano como un cáncer y camufla una cólera sorda y tenaz, que sólo se aplaca cuando el ofensor es castigado o humillado. 

El siguiente ejercicio te permitirá entrar en contacto con tu cólera para acogerla y comprender lo que puede hacer por ti. Es posible que durante el ejercicio entres en contacto con una emoción distinta de la cólera, pero no interrumpas el proceso. Detrás de la cólera es frecuente que se oculten un sufrimiento inconsciente y una gran vergüenza
 
domingo, septiembre 22, 2019 |
Meditación del perdón para liberarnos y desconectarnos de personas que nos hayan hecho daño. 

Es una meditación con los divinos ángeles de luz, a nuestro Ángel custodio. Esos maravillosos seres divinos nos acompañan toda nuestra vida, respetan nuestro libre albedrío por lo tanto no intervienen a menos que se lo pidamos. 

En esta meditación los llamamos a intervenir en nuestra ayuda, para poder perdonar. Perdonar es poner un prisionero en libertad y descubrir que el prisionero somo nosotros mismos, el mayor beneficio lo obtenemos nosotros, nos liberamos de cargas y sanamos
 
lunes, agosto 20, 2018 |
por Karem Barratt 
 Para muchas escuelas espirituales, cada persona con la que tenemos relación crea un lazo energético, llamado por los chamanes hawaianos Aka, que nos ata a ella, independientemente del tiempo y la distancia. A primera vista, esto suena muy bien si la relación es positiva y muy mal si la relación es o ha sido negativa. Sin embargo, los proponentes de la teoría afirman que en ambos casos estos lazos nos desgastan, porque es en cierta forma como fraccionar nuestra alma en cientos y hasta miles de pedazos. Existen métodos, parecidos en esencia, tanto en las escuela chamánica/druidas/mágicas como en las de estilo más seculares/poder mental-personal, para romper estos lazos y recuperar la energía perdida. 

Aunque muchas personas están más que abiertas ante la idea de desamarrarse de personas con las que han tenido experiencias traumáticas o poco agradables, a la mayoría les da un cierto temor llevar a cabo el mismo proceso con amigos, familiares y seres queridos, ya que tienen la impresión que el hacerlo romperá también los lazos de afecto que los unen. Los practicantes de la técnica aseguran que esto no es así. Romper los lazos energéticos, por un lado, devuelve al ser querido esa energía vital propia que esta adherida a nosotros –así que el hacerlo también los revitaliza a ellos. Por otro lado, la experiencia demuestra que llevar a cabo este proceso lo que hace es más bien unir a la gente que se quiere, pues al no existir el lazo energético, aparece un deseo de re-conexión entre las personas. Así que amigos y familiares que teníamos tiempo sin ver tienden a llamar y a ponerse en contacto y los seres queridos más cercanos tienden a mostrar deseos de compartir más con nosotros. Sin embargo, otros proponentes del método dicen que la mejor manera es decir algo como “que se rompan los lazos que no son para mí beneficio o de la personas” cuando hacemos la limpieza profunda o el corte en grupo o cuando hacemos el corte de uno a uno, imaginar que salen varios cordones de nuestros chacras y pedir una señal para saber cuáles desconectar (como que cambien de color o brillen mas). El proceso es también muy útil para el fin de relaciones o de la forma en que se llevan a cabo dichas relaciones, como en caso de divorcios, rompimiento de asociaciones o la muerte de un ser querido. 

En este articulo seguiremos la línea de pensamiento de cortar todos los cordones, pero si decides a hacer la visualización, pide guía a tu yo superior para decidir que método usar. La experiencia es la mejor maestra, en mi opinión. Por tanto puedes comenzar con las personas más allegadas, sencillamente porque son con las que tienes mayores contactos y con la que siempre va a estar creando cordones energéticos (de forma que si sigues la teoría uno, tendrás que cortarlos cada cierto tiempo). Sugiero que intentes la primera forma con ellos, a ver cómo te funciona. Y de nuevo, no temas. Los cordones energéticos nada tienen que ver con el amor verdadero. 

 El proceso puede llevarse como una gran limpieza cíclica, como cuando arreglamos la casa para Navidad una vez al año, una limpieza constante, como la que hacemos a nuestros hogares semanalmente o una combinación de ambas, en la que se lleve a cabo una limpieza profunda y varias de mantenimiento. Como dije al principio hay varias versiones: la siguiente está inspirada en parte en el Huna hawaiano y la recuperación/restauración del alma Druida. 

 Primero que nada hay que decidir cuan profunda va a ser la limpieza, para poder separar un espacio de tiempo adecuado. Digamos que vamos a comenzar con un ser querido. 

 1) Cierra los ojos. 
 2) Ahora, enfoca tu atención en la parte superior de la cabeza cuando inhales y luego en tu bajo vientre cuando exhales. Si te ayuda, coloca las manos en los lugares adecuados. Respira de esta manera varias veces e imagina como un círculo de energía yendo de tu cabeza a tu vientre y viceversa. 
 3) Imagine que tus seres queridos están frente a ti. Ve como de tu plexo solar, esa zonas unos centímetros bajo de tu corazón, sale un cordón que termina en el plexo solar de la persona. De ella sale otro cordón que termina en tu plexo solar. Digamos que tu cordón energético es azul y el de la persona verde.  
4) Toma la manos del ser querido y envíale mentalmente pensamientos, vibraciones o palabras de amor. Ahora, toma con cuidado el cordón verde, despréndelo de ti y devuélvelo al plexo de la persona. Ve como se reinserta hasta desaparecer. 
Nota como inmediatamente la persona se ve un poco mas alerta, más radiante, más alegre. 
 5) Con cuidado, toma el cordón azul, despréndelo de tu ser querido y reinsértalo en ti. Siente un flujo de energía, extendiéndose desde el centro de ti e irradiando por todo tu cuerpo. Da un abrazo a tu ser querido y déjalo partir. 
 6) Vuelve a hacer la respiración cabeza/bajo vientre y ve una brillante luz morada delante de ti. Entra en ella y siente la sanación y transmutación que te trae. 
Da gracias. 
Abre los ojos. 

 Digamos ahora que quieres cortar lazos con seres no tan queridos. 
 Los pasos serian igual, excepto que antes de desconectar el cordón verde, perdónalo por las heridas que te causaron y pide perdón por las heridas que tú causaste. Si no te sientes cómoda, no los tomes del a mano, pero haz un gesto que indique respeto por la chispa Divina en ellos. 
Los resultados son varios. 
Las personas no necesariamente desaparecen de tu vida: lo que normalmente desaparece en la influencia negativa que tienen sobre ti o la manera en que tienden a cansarte con su sola presencia. 

Los pasos anteriores serian los indicados para una mini-limpieza o una limpieza de mantenimiento. 

Para hacer una limpieza profunda, vamos a variar un poco la visualización. 
 Haz el paso 1. 
 2. Ahora imagina que estas en un teatro. Llama al escenario todas las personas que se te ocurran, con las cuales has tenidos relaciones, buenas o malas. 
Puedes llamarlas una por una o en grupo (amigos de la infancia, colegas de trabajo, vecinos, gente de tu ciudad). Este escenario tiene capacidad ilimitada, así que no te preocupes por el número. 
 3. Ve la madeja de hilos azules saliendo de ti y la madeja de hilos verdes adheridos a ti. 
 4. Di: si yo o mi familia o alguien de mi ascendencia los ha ofendido u herido, lo siento, por favor perdónenme (nos). 
Gracias. 
Los amo. 
5. Escucha al grupo de personas decirte a coro lo mismo y di silenciosamente: los perdono. 
 6. Imagina unas grandes tijeras, hechas de energía pura. Tómalas y cortas los hilos. Algunas personas que prefieren trabajar con angeles invitan al Arcangel Miguel en esta parte para que con su espada rompa los lazos. 
Ve una niebla morada cubriendo al escenario y siente la energía regresando a ti. 
Toma algo de la niebla morada y colócala en tu plexo solar, a manera de venda curativa. 
Vete ahora sola en el escenario. 
Si quieres, haz algo, como bailar, saltar, cantar, gritar, para celebrar la restauración de tu alma. 
 7. Repite la respiración cabeza/abdomen. 
Abre los ojos. 

 Si vas a cortar lazos con seres queridos fallecidos, puedes hacer la primera versión del proceso con las siguientes variantes: 
Cuando los tomes de las manos, pregúntales que tienen que es tuyo y observa cuidadosamente a ver que te devuelven. Esto puede ser objetos que representen ideas como libertad, respeto, corazón, confianza, autonomía y demás. 
Velos acompañados de seres de luz (ángeles, guías, etc.) y cuando desprendas el cordón verde, velos como estos seres los acompañan a su nueva dimensión. 
Si la relación fue estresante o hubo cosas que no se solucionaron, usa la técnica del perdón (lo siento, perdóname, gracias, te amo) antes de quitar el cordón. 
Recuerda llevar a cabo este proceso (en todas sus versiones) con la fe que el amor no es un cordón. 

Es más bien como la materia obscura que sostiene al universo y nada, ni la muerte, ni el paso a otra dimensión, lo puede romper, porque el amor lo permea todo. 
viernes, junio 15, 2018 |
Meditación para Restaurar la pureza interior mediante el Perdón. 

Cuando somos niños, nuestra pureza interior no nos permite el rencor, el resentimiento, podemos incluso pelear con otro chiquillo, a las pocas horas volveremos a jugar olvidando el incidente. 

De adultos llenos de miedo, por orgullo, por soberbia y por ego, perdemos esa pureza de mente y alma, nos vamos llenando de cargas, de sentimientos y emociones discordantes, que son como ir por la vida con una mochila repleta de cosas viejas. 

Esta meditación ayuda a liberar esa mochila, para así tener espacio para sentir y disfrutar lo maravilloso de vivir libre del peso que produce la falta de perdón. 

El perdón libera y sana. 

La meditación se puede realizar cada vez que se desea entrar dentro de si mism@, a nuestro lugar sagrado, a transformar cualquier energía de baja frecuencia como la culpa, la vergüenza, la envidia, los apegos, etc., en energías más elevadas que te alineen con la Divinidad de tu Alma y te encaminen hacia el Amor Incondicional y tu Bienestar. 

Es un maravilloso trabajo de sanación que estás realizando.
viernes, febrero 09, 2018 |
 

EL RENCOR 

El rencor es un sentimiento negativo y persistente que enferma el cuerpo, la mente y envenena el alma. 

Es importante comprender que todos los seres humanos estamos en constante riesgo de cometer errores, ya que toda decisión implica un riesgo, y si nunca tomamos decisiones, seremos como hojas que se lleva el viento, como estatuas inmóviles, sin vida. 

Son muy frecuentes las situaciones de hermanos que no se hablan durante muchos años, de amigos que se distancian para siempre, de padres e hijos que se alejan. Y lo más triste, es que estos distanciamientos a veces se originan por detalles de poca importancia, que con un poco de humildad y tolerancia, no ocurrirían, pero los humanos a veces somos demasiado sensitivos y nos dejamos llevar por un falso orgullo que nos impide perdonar. 

Es común oír una frase que deja al descubierto un sentimiento de rencor: “Yo perdono, pero no olvido”. No es posible perdonar y guardar en la memoria pensamientos dolorosos. No se debe perdonar a quien no reconoce sus errores. El mismo Jesucristo nos lo enseña cuando dice que para limpiar nuestros pecados y llegar a su reino, es requisito obligatorio el arrepentimiento. No se debe perdonar a quien nos causó un grave daño deliberadamente, buscándolo para que nos ocasione más dolor. Pero sí se puede ignorar el mal que nos hizo echándolo al cofre del olvido, para así arrancar de nuestra alma ese rencor que nos atormenta y nos enferma. 

Reconocer nuestros errores no es un signo de debilidad, es dignidad y valentía que nos permite limpiar nuestras conciencias. 

Como no todos los seres somos iguales, debemos procurar que nuestras amistades sean compatibles en gran medida, para evitar roces que lastimen. 

El tiempo lo cambia todo y es posible que quienes nos hirieron en el pasado hayan cambiado y no se atrevan a acercarse a nosotros por temor al rechazo. Si estas personas son familiares o amigos, debemos investigar sobre sus vidas y de ser necesario, tratar de comprenderlos. La comprensión es el conocimiento que nos permite sentir compasión y la compasión es un sentimiento que genera amor. 

Cuando perdonamos, nosotros somos los primeros beneficiados al quitarnos una carga terrible de encima, la carga del rencor. Pero si el rencor es más fuerte que nosotros y no podemos perdonar, perderemos una oportunidad de reconciliación que más tarde nos puede generar sentimientos de culpa y depresión. 

Al perdonar a otros, nos estamos perdonando a nosotros mismos y nos hace más humanos, porque el perdón ennoblece y concientiza de que todos, sin excepción, erramos. Si la actitud de alguien que tratamos, nos molesta, lo más lógico es enfrentar la situación y expresárselo de frente, sin necesidad de suspender la relación. 

Una vida sin odios ni rencores no solo reconforta, sino que nos da la paz espiritual. 

LA ENVIDIA 

La envidia es un sentimiento negativo que se origina al considerar que otros tienen bienes materiales o espirituales de los que el envidioso carece. 

El envidioso mira con inocultable rabia la riqueza y éxitos de los demás y, como no puede exteriorizar su frustración, demerita los logros de otros, llegando a veces hasta el extremo de la calumnia. 

La envidia es un sentimiento íntimo que no se suele confesar. Resulta vergonzoso al envidioso compulsivo, admitir que el bien de otros le corroe las entrañas a causa del profundo malestar interior que experimenta. 

Casi todo el mundo, en mayor o menor grado, ha sentido envidia alguna vez en su vida, pero es muy difícil que alguien lo reconozca, aunque hay envidias nobles, que no causan daño: “envidio tu profunda fe”, “envidio tu dedicación a los estudios”, “envidio tu talento para tocar el piano”. 

Pero la envidia que causa malestar y rabia porque otro tiene éxito, es reprochable. 

La soberbia y el egoísmo van íntimamente ligados a la envidia. 

Una persona soberbia no puede soportar que otra, a quien considera igual o inferior, sea más valorado en el trabajo o en el ámbito social, que tenga más éxito, que posea bienes materiales más costosos, o que tenga una linda pareja. 

La envidia es común en los niños, por lo tanto, es importante enseñarles que en el mundo es normal que unos tengan más que otros, para que no crezcan con esa pasión que les quita la felicidad. 

La envidia quita el sueño y nos impide disfrutar lo que tenemos. 

Hay multimillonarios que no pueden disfrutar la vida porque son esclavos de sus riquezas y carecen de la gran felicidad que nos depara la privacidad y dicha de gozar de las cosas bellas y sencillas de la vida. 

El envidioso no se percata de que no siempre es más feliz el que más posee, sino el que está conforme con lo que tiene. 

Vale repetir: El envidioso mira con inocultable rabia la riqueza y éxitos de los demás y, como no puede exteriorizar su frustración, demerita los logros de otros, llegando a veces hasta el extremo de la calumnia. 

LA SOBERBIA 

En la vida en comunidad y en las sociedades no hay nada que haga más daño que la soberbia o la prepotencia. Es un problema si ésta se manifiesta en espacios y círculos reducidos como la familia, pero se suma gravedad si se manifiesta en quienes está a su cargo la dirección de empresas o de altas instituciones del estado. Infortunadamente en nuestro país las manifestaciones de soberbia y prepotencia están a la orden del día. El ciudadano que frente a la autoridad, un agente del orden, a quien el ve como un inferior y le grita “Usted no sabe quién soy yo”, presenta una manifestación de soberbia y prepotencia, grave desde el punto de civilidad y comportamiento ciudadano. 

El alto directivo de una entidad estatal que ante la observación de un profesional considera que este no tiene el nivel ni la altura intelectual que el cree poseer y no solamente lo descalifica, sino que lo ridiculiza, es también una manifestación de soberbia y prepotencia, más grave aún, ya que se trata de una persona que está a cargo de los intereses y bienes públicos de la nación. 

Los psicólogos distinguen entre dos clases de orgullo. El auténtico orgullo surge cuando nos sentimos bien con nosotros mismos, seguros y productivos y nos relacionamos socialmente bien con rasgos tales como ser emocionalmente estables, agradable y concienzudos. Por el contrario, el orgullo presuntuoso tiende a implicar el egoísmo y la arrogancia y se manifiesta en características socialmente indeseables desagradables y agresivas. 

Según español Enrique Rojas, catedrático universitario en Madrid, la soberbia es el “concederse más méritos de los que uno tiene, excesiva idolatría, estimarse a sí mismo demasiado por encima de nuestro valor real. Suele ser origen de muchos males de la conducta y entre sus características encontramos la prepotencia, la presunción, y quizá, lo que resulta más chocante, situarse por encima de todos lo que le rodean”. 

Afirma el Dr. Rojas en uno de sus artículos relacionados con el tema que la soberbia es más intelectual cuando emerge en alguien que realmente tiene una cierta superioridad en algún plano destacado de la vida. Se trata de un ser humano que se ha destacado en alguna faceta y cuando la hacen una observación o lo sacan de quicio pide y exige un reconocimiento público de sus logros. Para la psiquiatría, esto es lo que se denomina una deformación de la percepción de la realidad de uno mismo por exceso. Ante la soberbia dejamos de ver nuestros propios defectos, quedando estos diluidos en nuestra imagen de personas superiores que no son capaces de ver nada a su altura, todo les queda pequeño. En la soberbia la persona tiene una enfermedad en el modo de estimarse a sí mismo. 

Quien realmente ha alcanzado altos niveles intelectuales y no presenta la enfermedad de la soberbia, vanidad y prepotencia, manifiesta su madurez en el razonamiento juicioso y la humildad. Una observación o una crítica es una oportunidad para reflexionar y debatir. El enfermo de soberbia, vanidad y prepotencia no lo puede hacer.
lunes, febrero 20, 2017 |
Y… ¿QUÉ TAL SI ME PERDONO? 

 Me he sentado a tomar un café conmigo misma frente al espejo y me descubrí alzándome la ceja como siempre, entonces me dije a mi misma; ¡Ya estuvo bueno de ser tan dura! y qué lo mejor era simplemente. Perdonarme. 

Me perdono por dejarme en último lugar infinidad de veces… 
Me perdono por hacerme pedazos para completar a otros… 
Me perdono por no tener tiempo para mí… 
Me perdono por no hacerme caso, y tropezar con el mismo obstáculo una y mil veces. 
Me perdono por poner mi salud como un pendiente y no como una prioridad… 
Me perdono por haber hablado de más… 
Me perdono por haberme callado… 
Me perdono por confundir resignación con tolerancia… 
Me perdono no gastar en mí lo que sin reparo gasto en alguien más que a veces no lo merece… 
Me perdono por mentirme… 
Me perdono por no verme al espejo más seguido… 
Me perdono por no ser más amable conmigo misma… 
Me perdono por no tenerme paciencia ni tener constancia… 
Me perdono por ser tan ruda cuando se trata de mí… 
Me perdono no encajar en un molde… 
Me perdono por no permitirme muchas cosas… 
Me perdono por no disfrutar de otras tantas… 
Me perdono por no valorar los momentos que valen la pena y darme cuenta muy tarde… 

 Me dije a mi misma; elijo aprender a soltar, a dejar ir y sobre todo ¡A Perdonar!. Elijo hacer frente común contra el mundo que está en nuestra contra… simplemente es el mundo y la gente es gente con lo bueno y con lo malo, a veces sólo estamos parados en el camino equivocado con alguien que viene a todo pulmón y nos arrasa sin miramientos. 

No hay explicaciones ni justificaciones, es así y así sucede. ¿Sabes?, le dije a mi niña interior necesito tu apapacho, tu abrazo, tu complicidad, he aquí el trato… Menos reproches y más amor, menos revivir el momento y más perdón. 

Y… ¿si me perdono? Ampliamente y de verdad, sin echarme en cara después mi errores, sin pensar en un problema toda la noche, sin sentir una punzada con un recuerdo corrupto cruzándonos la mente. ¿Y si perdono mis errores y mi pasado? 

Sí, me perdono, me acepto, me acomodo las piezas y me reseteo la memoria y el corazón para poder perdonarme… ¡Si, me perdono para empezar a vivir!
lunes, diciembre 05, 2016 |

Equivocarse es humano, además de una oportunidad excepcional para crecer en humildad y darnos cuenta de que la vida es casi un ensayo continuo del que aprender. Ahora bien, también es de sabios el acompañar cada fallo, cada descuido y ofensa con un “perdóname”. Una virtud de unos “pocos” que “muchos” deberían poner en práctica. 

Ese mecanismo interno de autoevaluación mediante el cual darnos cuenta de que no hemos hecho lo correcto, está dominado muchas veces por un conocido inquilino llamado “ego”. De hecho, no hay peor carcoma que la de quien lejos de empatizar con la persona herida, se centra únicamente en la sutil pero feroz necesidad de proteger dicha dimensión. 

 Equivocarse es un defecto común, pedir perdón es una virtud que solo unos pocos practican. Por ello, considero noble a la persona que dispone de la madurez para decir “me equivoqué” y la valentía de pedirme perdón mirándome a los ojos. 

Si lo pensamos bien nos daremos cuenta de que usamos la palabra “perdón” casi a diario. Cuando tropezamos con alguien, cuando nos adelantamos en nuestras conversaciones y quitamos la palabra a un amigo. Sin embargo, son muy pocos quienes tras equivocarse en un ámbito más delicado y profundo de sus vidas, son capaces de dar el paso y desnudar su corazón con un “lo siento, no lo he hecho bien. Te pido perdón”. 

¿Por qué nos suele costar tanto? Te invitamos a reflexionar sobre ello.

Equivocarse, un factor humano

Todos nosotros somos maravillosamente falibles. Lejos de valorar el equívoco como algo negativo es necesario valorar el error en toda su trascendencia y detalle para ser capaces de inferir un aprendizaje. Porque el error no es más que una invitación directa a mejorar. 

Ahora bien, también sabemos que hay errores y errores. Hay veces en que las equivocaciones, como dijo James Joyce una vez, no son más que portales hacia el descubrimiento. La propia ciencia está llena de esas increíbles “serendipias” donde famosos científicos dieron con un hallazgo novedoso después de un error de lo más oportuno.

Fuente: La mente es maravillosa
viernes, diciembre 02, 2016 |
Cuántas veces habré llorado a escondidas sin saber que la vida me estaba haciendo un favor, sin entender que lo ocurrido no era el fin del mundo, sino el principio de algo mejor. Porque existir es reiniciarse una y otra vez, es cerrar una ventana para abrir una puerta mientras nos secamos las lágrimas por quien nunca las mereció. 

Albert Einstein solía decir que si había algo de lo que estaba agradecido, era a todas aquellas personas que a lo largo de su vida le habían dicho “no”. Cada una de las desilusiones sufridas por quienes se negaron a ayudarle en su momento, le permitieron más tarde encontrar ese motivante con el cual, aprender a hacer las cosas por sí solo. A ser más fuerte. 

Nadie sabe cuánto he llorado, ni todo lo que esas lágrimas me han enseñado. A día de hoy soy el resultado de cada uno de esos llantos silenciosos que he dejado escapar, y no por debilidad, sino por cansancio de ser fuerte… 

Hay veces en que sencillamente, no podemos más. El estrés emocional ocasionado por tantas decepciones. fracasos y por cada “no” encontrado en el camino, nos obliga a detenernos. Es entonces cuando aparece la indefensión y la clara sensación de que hemos perdido el control sobre nuestras vidas. 

Judith Orloff, psiquiatra y autora del libro “Libertad emocional, cómo dejar de ser víctimas de las emociones negativas”, nos dice que el primer paso para propiciar el equilibrio interior es el llanto. Después de las lágrimas llega la calma, y seguidamente, la claridad. Te invitamos a reflexionar sobre ello. 

Lo llorado por lo aprendido: el sufrimiento útil 

Es muy posible que si ahora mismo pudieras viajar a tu propio pasado, sintieras compasión de tu persona al verte llorar por razones que nunca valieron la pena. Todas esas lágrimas vertidas por quien nunca mereció nuestro afecto o por cada instante de angustia por un proyecto o sueño que nunca valió realmente la pena, son ahora recuerdos imborrables. Sueños rotos pero útiles a la vez, inscritos en esas nubes pasajeras de nuestros ciclos vitales. 

Ahora bien, cabe señalar que nadie llega a este mundo “enseñado” de fábrica. Las lágrimas son como ritos de paso que hemos de experimentar a la fuerza para seguir creciendo, para saber “quién sí y quién no”, para ponernos a prueba y medir nuestras fortalezas. 

En psicología se habla a menudo de lo que se conoce como “sufrimiento inútil”. Es un término que nos llama especialmente la atención y, lo creamos o no, aparece más de lo que pensamos. Hace referencia a esos momentos en los que, cuanto más somos conscientes de nuestro dolor, más nos perpetuamos en él. 

Ejemplos de ello serían esas relaciones de pareja tormentosas, donde lejos de poner fin para dejar de esperar lo imposible y liberarnos del dolor, caemos aún más hondo en sus arenas movedizas. Mientras el sufrimiento útil tiene un fin y nos permite soltar lastres para limpiarnos por dentro y aprender, el inútil, jamás dará paso al duelo, al cambio. Al crecimiento interior. 

Tras el dolor llega la oportunidad 

Es muy posible que hayas oído en numerosas ocasiones esa expresión de que “solo quien ha sufrido puede entender qué es la vida de verdad”. Cabe decir que esto no es del todo el cierto. La felicidad también enseña, también nos ofrece adecuados recursos. Ahora bien, la adversidad es a su vez ese cruce en el camino por el que la mayoría habremos de pasar alguna vez. 

Yo también he llorado por cebollas que no valían la pena, por sueños que se llevó el viento y por dulces deseos que se tornaron amargos… 

Cuando la crucemos, cuando experimentemos el dolor en alguna de sus formas, ya no seremos los mismos. Por ello, es necesario propiciar “un sufrimiento útil” del que hablábamos con anterioridad, ese que nos permita aprender a ser más hábiles, mejores estrategas con mentes resilientes y personas capaces de ver nuevas oportunidades. Porque aunque pensemos que la vida nos ha dado un “no” rotundo, a veces, no es más que un “espera un poco más”… 

Judith Orloff, en el libro de citado al inicio del artículo “Libertad emocional, cómo dejar de ser víctimas de las emociones negativas”, nos enseña que para poder ver las oportunidades en tiempos de oscuridad es necesario generar una adecuada calma interior. 

  • El desahogo emocional es un mecanismo adecuado y liberador para sosegar la mente y ver las cosas de otro modo. 
  • Una vez hemos llorado por esa decepción, por esa ruptura o ese fracaso, es necesario generar el cambio. Ahora bien, un error en el que caemos a menudo es en esperar a que ocurra algo a nuestro alrededor para encontrar entonces un motivante, un propósito que nos permita seguir avanzando para dejar atrás lo sucedido. 
  • No es este el enfoque. Lo más acertado es “ser nosotros mismos el propio cambio”. Lejos de esperarlo desde el exterior, hay que inducirlo desde el interior. Porque justo cuando uno deja de esperar y reacciona, la propia vida cambia. 

Al fin y al cabo, son en estos momentos de dificultad personal cuando descubrimos cuántas fortalezas se hallan en nuestro interior y todo lo que somos capaces de hacer. Porque aunque no lo creas, somos como los robles, que cuanto más les embiste el viento, más fuertes crecen.

miércoles, noviembre 30, 2016 |
El perdón es un proceso complejo que te exige poner en juego muchos de tus recursos emocionales. Difícilmente se produce en forma espontánea, especialmente si la herida ha sido profunda. Por eso es frecuente que sea muy difícil perdonar. Lo malo es que ese rencor puede terminar afectando seriamente tu salud y tu bienestar. 

A veces puede dar la sensación de que el dolor físico no tiene explicación. Pero no es así. No imaginas cuántos dolores en el cuerpo se ocasionan realmente en la mente y en las emociones. 

Los consultorios médicos permanecen atestados de personas que buscan alivio para esas dolencias y, la mayoría de las veces solo encuentran una receta que enmascara los síntomas. El problema es que, cuando la causa de unos síntomas no es evidente y estos en principio no son preocupantes, no se suelen destinar demasiados recursos a encontrar su origen. 

 “Enseñemos a perdonar; pero enseñemos también a no ofender. Sería más eficiente” –José Ingenieros– 

Todo aquello que está en la mente, repercute en el cuerpo. La razón es muy sencilla: prácticamente todo nuestro organismo está asociado con el sistema nervioso. Este, a su vez, es el encargado de percibir y procesar las emociones. Así, cuando las emociones y/o los pensamientos están alterados y no son procesados, se manifiestan de igual forma. 

Muchas veces lo hacen en forma de molestias o de dolor físico en alguna parte del cuerpo. Un dolor para el que no se identifica ninguna causa visible en ningún tipo de prueba que busque una alteración fisiológica. Algo que puede desesperar al paciente, pero también puede hacerlo con el médico si este no está familiarizado con las enfermedades funcionales.

El cuerpo y el perdón 

Los estudiosos del tema han podido establecer una clara relación entre el dolor físico y procesos emocionales, como el perdón. Hablamos del perdón porque se trata de uno de esos procesos emocionales complejos, que involucran emociones muy potentes y difíciles de digerir. Está relacionado con la ira, la tristeza, la paranoia y el rencor. Por eso puede causar graves daños emocionales, pero también manifestarse como dolor físico. 

El cuerpo grita lo que la palabra calla. No perdonar es vivir en el pasado, atados a un sentimiento que no evoluciona. Un rencor enmascarado que se estanca y se alimenta a sí mismo de una forma muy negativa. Algunos dicen que es como tener un carbón ardiendo entre las manos, a la espera del momento oportuno para arrojárselo a esa persona por la que se siente rencor. Es más el daño que hace a quien lo sostiene, que al otro. 

Existen determinados órganos del cuerpo que están especialmente relacionados con las huellas de un perdón que aún nos e ha producido. La garganta, el sistema respiratorio, el cuello, los tobillos, la espalda -entre otras- son zonas del cuerpo que, cuando duelen sin razón aparente, pueden indicar la existencia de un proceso de perdón que no se ha completado. 

El mapa del perdón en el cuerpo 

Es bueno que estés atento a esos dolores físicos que aparecen y desaparecen reiterativamente, sin que haya una razón específica para que así sea. Lo más probable es que se trate de emociones no resueltas, en particular, de un perdón que no se ha otorgado. Así habla tu cuerpo del perdón: 

  • Dolor e irritación de la garganta. El dolor de garganta está relacionado con palabras que no se han dicho, o con una incapacidad para expresar el dolor que surgió después de sufrir una afrenta. 
  • La gripe frecuente. Habla de lágrimas que no han sido lloradas, seguramente por orgullo, o porque hay tanta ira que impide reconocer el daño que nos han causado. 
  • El dolor en el cuello. Esta zona del cuerpo refleja la flexibilidad o inflexibilidad de una persona. Si el rencor se ha instalado en la vida, probablemente la región del cuello se verá muy afectada. El rencor es una pasión que induce a una fuerte tensión que se debe sostener por mucho tiempo y por eso termina afectando la musculatura del cuello. 
  • Los tobillos. Cuando no quieres abrir el camino hacia un proceso de perdón, es muy probable que tus tobillos lo reflejen. Es una articulación en la que se proyecta la capacidad de avance en la vida. Cuando sufren dolor, casi siempre es porque te has estancado en un sentimiento negativo. 
  • El dolor de espalda. En este caso lo que ocurre es que la ausencia de perdón se experimenta como una carga que se rechaza inconscientemente. El rencor origina un peso emocional que se traduce en dolor de espalda, especialmente en la zona media. Si el rencor está relacionado con temas de dinero, es más frecuente que se proyecte en la zona baja. 
  • Molestias en las rodillas. Frecuentemente están asociadas con la resistencia a doblegarse. Es el orgullo el que está dominando los actos. Se cree, consciente o inconscientemente, que perdonar es un acto de sometimiento. 
  • Los dientes y las encías. Estas partes del cuerpo están estrechamente ligadas con todo tipo de sentimientos agresivos. Cuando hay dificultad para expresar el enojo, lo más probable es que los dientes se resquebrajen o las encías se inflamen. Si la ira es mayor, los dientes tienden a perder su posición. 

El cuerpo es como un mapa en el que se puede seguir la ruta de esas emociones que están contenidas, que no han sido expresadas. No somos solo un organismo, o solo una mente. Mente y cuerpo están unidos, se complementan, se influyen mutuamente. Por eso, cuando hay dolor físico, siempre se debe reflexionar sobre el componente emocional que puede estar asociado.
lunes, noviembre 21, 2016 |
Si tu vida es un mar de conflictos; eres presa de las emociones, te lamentas por lo que hubiera podido ser y te quejas por lo que es; sientes un gran vacío, dolor y sufrimiento interno, entonces probablemente vives atormentado por el resentimiento, el odio, el rencor, ira hacia la vida, hacia Dios, hacia tus semejantes, o hacia ti mismo. 

Prepárate a descubrir la verdad en tu propia mente en donde se construye momento a momento infierno o paraíso; esclavitud o libertad; resentimiento o perdón. La influencia que ejerce el resentimiento y el perdón sobre los estados mentales, y estos sobre la realidad exterior. 

El rencor, el odio, el coraje, son como enfermedades que carcomen, marcan y destilan su ponzoña por años, amargan la existencia, provocan dolor, frustración y acaban con las ganas de vivir. 

No existe nada ni nadie que pueda resarcir el dolor ocasionado en el pasado; el pasado no puede ser cambiado. Ningún tipo de venganza o retribución podrá subsanar los momentos de tristeza y desolación que vivimos, lo mal que nos sentimos. Al esperar una disculpa, que se acepte el error; nada de eso cambiarán los hechos, lo ocurrido en el pasado, sólo estaremos queriendo alimentar nuestra sed de justicia mal enfocada. 

La falta de perdón te ata a las personas desde el resentimiento. Te tiene encadenado.

Guardar resentimientos, odios, rencores y envidias, es como tomar veneno y esperar que otra persona muera.

¿Que es el perdón? Entre el perdón y el olvido. . . . . .

Perdonar es un acto de amor, un gesto de bondad, de generosidad; es no guardar rencor, no sentir odio, no tener coraje ni desear mal a nadie. Es poder ofrecer a los demás el amor que ellos no esperan o que no son capaces de dar. 

El rencor y todos los sentimientos y pensamientos negativos, son el veneno y el único antídoto que existe es el perdón. Al perdonar, soltamos nuestra pesada carga, es una liberación, haciendo que nos sintamos mas ligeros en este viaje llamado vida. 

Perdonar es una decisión que tomamos, sin que el ofensor este presente. Si la ofensa es antigua, pero sigue doliendo, estamos polarizados en el pasado y no vivimos en el presente, porque no hemos cerrado ese circulo. 

El perdón es curativo. No debemos condenar a quien nos ofendió, ni juzgarlo, sino pedir por el para que encuentre su camino, la luz y el amor que tanta falta le hace 

El perdón se opone en apariencia a la justicia. Esto nos lleva a persistir en la ira, castigando a los demás una y otra vez en nuestros pensamientos por el dolor que nos han causado. 

El que quiera olvidar lo que le han hecho descubrirá que no puede. Los pensamientos y heridas vuelven de vez en cuando. La curación no puede empezar hasta que se perdona. 

El perdón es una expresión de amor. El perdón libera de ataduras que amargan el alma y enferman el cuerpo. 

Dejar atrás el pasado; Rechazar todo pensamiento vengativo.

Muchos de nuestros intentos de perdón fracasan pues confundimos esencialmente lo que es perdonar y nos resistimos ante la posibilidad de empequeñecer los eventos ocurridos u olvidarlos. El perdón no es olvidar lo que nos ocurrió No significa excusar o justificar un determinado evento o mal comportamiento. No es aceptar lo ocurrido con resignación. No es negar el dolor. No es minimizar los eventos ocurridos. 

Perdonar no significa dejar de darle importancia a lo que sucedió, ni darle la razón a alguien que te lastimó. No significa que estés de acuerdo con lo que pasó, ni que lo apruebes. Simplemente significa dejar de lado aquellos pensamientos negativos que nos causaron dolor o enojo. 

Creemos erradamente que el perdón debe de conducirnos inexorablemente a la reconciliación con el agresor. Pensamos que perdonar es hacernos íntimos amigos de nuestro agresor y por tal motivo lo rechazamos. 

El orgullo, la soberbia, la autocompasión y el deseo de venganza, impiden comprender la importancia de perdonar. Pagar mal con mal, solo trae mas carga negativa a nuestra vida.

El perdón se debe de realizar "sin expectativas" sin esperar que nada suceda. Si esperamos que el agresor acepte su error, estaremos esperando en vano y gastando nuestro tiempo y nuestras energías en una disculpa que jamás llegará. Si estamos esperando esta reacción, luego de haber perdonado, pues realmente no perdonamos de corazón pues seguimos esperando una retribución, un resarcimiento. Seguimos anclados en el problema, en el ayer, queriendo que nos paguen por nuestro dolor. 

No esperes a tener deseos de perdonat. Jamás los tendrás. Toma la difícil decisión de perdonar aunque no te apetezca. Una vez que decidas perdonar, perderá poder sobre ti, y el toque sanador tendrá libertad para actuar. 

Tenemos miedo al dolor, y esto nos lleva a enterrar las emociones muy adentro. Dejemos que salgan a la superficie para que pueda empezar a sanar el daño emocional. 

Sin perdón hay dolor, rencor, resentimiento y amargura.

Tipos de perdón
1. Perdónate a ti mismo.
Desilusión de nosotros.
Actitudes y hechos que nos avergüenzan.
Necesitamos del perdón personal.

Perdón por cometer errores.
No traje instructivo al nacer. 2

¿Te equivocaste?
Bienvenido al planeta tierra. Perdonarte a ti mismo es aceptar con humildad tu condición de ser humano. Reconoce que no eres perfecto; comienza a mejorar. En este mundo lleno de injusticias serás libre y feliz si cruzas la barrera del perdón. 

2. Perdona a los demás
Las heridas duelen. Pero “la mejor venganza es el perdón”. Concede el perdón de corazón ¡Serás libre para siempre! Cuando no perdonas te haces más daño. Quien te ofende no percibe tus sentimientos. 

El mediocre puede ser violento, matar, abusar, pero no posee el don de perdonar. Sólo los valientes, los sabios, los humildes, perdonan. 

3. Perdona a Dios Pensamos que ciertas tragedias, injusticias y el dolor que existe es porque Dios lo permite. Nuestra mente, a veces, es demasiado pequeña para comprender la magnitud de algunas cosas. Dios solo quiere lo mejor para ti. 

4. El perdón de Dios Dios, compasivo y misericordioso, nos perdona siempre. 
Experimenta hoy, de manera nueva, su misericordia, su perdón. Experimenta su amor y ternura de Padre. Y comprométete a amar y a perdonar. 

El perdón es la reconciliación plena sin pedir explicaciones ni exigir nada. Dios siempre nos espera y nos perdona; por más que nos alejemos de Él, por más que nos perdemos en las cosas del mundo Él tiene la esperanza que volvamos a Él 

El perdón es imprescindible para la mente, la conciencia y el corazón sanos. Es la clave para la libertad interior. 

No hay que esperar que la persona que nos agredió cambie o modifique su conducta pues lo más probables es que ésta persona no cambie y a veces sea peor. 

EL PERDÓN ES ÚNICAMENTE PARA TI Y PARA NADIE MÁS. 

La falta de perdón es el veneno más destructivo para el espíritu ya que neutraliza tus recursos emocionales. El perdón es una declaración que podemos y debemos renovar a diario. Muchas veces la persona más importante a la que tienes que perdonar es a ti mismo por todas las cosas que no fueron de la manera que pensabas. 

Perdona para que puedas ser perdonado. Recuerda que con la vara que mides, serás medido Que la lección ya se encuentra aprendida y que hemos logrado vencer las circunstancias negativas que nos tocaron vivir. 

Cualquier razón que tengas en el alma, en el corazón, para encontrarte resentido con la vida, con tus semejantes, con Dios o contigo mismo, VALORALO en este momento. Ponlo en la balanzas y preguntate si vale la pena seguir abrevando del pasado para fortalecer tu rencor y cargando con ello. La alternativa es muy clara: INFIERNO O LIBERTAD RESENTIMIENTO O PERDÓN 

Sanación por el perdón 
Perdonar para sanar Sanar para perdonar 

Si tus pensamientos son de odio, resentimiento o desamor, Tus pensamientos, tus obras y tu vida serán de infierno, caos y destrucción 

Tu eres el constructor o el destructor de tu propia vida 

Y ahora: Sonríe Agradece Abraza la vida Transforma la fuerza del resentimiento Usa la magia del perdón y SÉ FELIZ Hemec
miércoles, octubre 26, 2016 |
Tú te beneficias enormemente cuando decides perdonar y lo mismo ocurre con todos a tu alrededor. Ya sea que necesites perdonar a los demás, o la necesidad de perdonarte a tí mismo, al hacerlo te libera del pasado y te permite cumplir con tu verdadero potencial. El perdón permite liberarte de las creencias y actitudes limitantes. Liberar tus energías mentales y emocionales para que puedas aplicarlas a la creación de una vida mejor. 

El perdón te ayuda a alcanzar incluso tus metas más prácticas e inmediatas. Tal vez quieras un trabajo mejor, para ganar más dinero, tener mejores relaciones, o vivir en un lugar mas agradable. El perdón te ayuda a lograr todo eso. Si no has perdonado entonces, una parte de tu energía de vida interior está atrapada en el resentimiento, la ira, el dolor o el sufrimiento de algún tipo. Esta energía vital atrapada te limitará. Es como tratar de montar en bicicleta con los frenos parcialmente puestos todo el tiempo. Te hace mas lento, te frustra y hace que sea difícil
avanzar.

Las decisiones que tomes y las cosas que son posibles todas serán influenciadas por las formas en las que no has perdonado. A medida que aprendas a perdonar la energía que estaba yendo hacia pensamientos y sentimientos tristes consigue liberarse y puede fluir a crear la vida que deseas en lugar de limitarte, o crear mas sufrimiento.
miércoles, enero 21, 2015 |
Esta es una Meditación de Sanación y Liberación energética con ancestros y antepasados mediante el perdón. Se puede realizar una o dos veces, o las que consideres necesarias, ya que se hace una limpieza y transformación energética de las energías que han estado latentes en nuestra genealogía. Así como heredamos nuestros rasgos físicos, también heredamos los rasgos energéticos y es necesario ir a sanar esas partes y retomar "conscientemente" el rumbo de nuestra vida, dejando atrás los patrones de conducta inconscientes que se han pasado de generación tras generación. 

Se hace una Sanación Energética de todo aquello que nos está impidiendo el flujo de la vida, del amor y del bienestar en nuestra existencia. 

Les deseo vidas plenas y felices, conscientes de nuestra Divinidad, nuestro Poder, nuestra Conexión con Todo el Universo y lo Amados que realmente Somos.
Para realizar la meditación, apaga el sonido de fondo del Blog. Barra lateral derecha, selección musical haz clik en detner sonido.
 
miércoles, diciembre 24, 2014 |

La navidad es un tiempo especial. Es un tiempo único en que se da un fenomeno poco frecuente: las personas se predisponen a amar y perdonar ; y el efecto que esto tiene en sus vidas es realmente milagroso. 

Muchas personas se dan en estas fechas la oportunidad de meditar sobre sus afectos y sus situaciones personales en general y buscan hacer cambios para bien en su vida. 

Es tiempo propicio para el amor y el perdón y esto da como resultado bienestar emocional 

Es increíble el impacto que tiene en la psiquis de una persona el amor, ya sea el sentirlo por los demás o sentirse amado, el amor tiene una función terapéutica muy poderosa. Este sentimiento como tal, puede llevar a una persona a superar todo tipo de circunstancias y adversidades, y hace que experimenten una dicha inigualable. 

Si hay una verdad universal psicológica que se cumple es que todos necesitamos ser amados; y todos, de distintas maneras, lo procuramos. 

El amor le proporciona a la estructura de la personalidad de cada persona la fortaleza que requiere para poder perdonar, para poder olvidar la falta que ha cometido otra persona contra ella o contra otros y no guardarle rencor ni querer castigarle por ella, o no tener en cuenta una deuda o una obligación que otra tiene con ella. 

Sin amor es muy difícil para el ser humano perdonar, en muchas ocasiones puede ser tan doloroso que prefieren aferrarse al resentimiento, al enojo, la decepción o el sentimiento negativo que estén experimentando antes que perdonar. 

La dificultad para perdonar trae carga emocional. Este peso nos afecta negativamente porque le impide a nuestro ser encontrar el equilibrio y el bienestar que necesita, experimentamos una necesidad insatisfecha y esto nos produce frustración; y este sentimiento de frustración prolongado se transforma en amargura. 

El perdonar es sanador para nosotros mismos, es libertad emocional, nos da paz; pero nos demanda un esfuerzo. Debe nacer de un deseo propio de hacerlo y no siempre es fácil. 

Cuan maravilloso es poder ver vidas restauradas por la fuerza del amor, reconciliaciones que han puesto fin a las amarguras y al dolor. Personas renovadas por el milagro de la navidad. 

Dejarnos llenar por el amor que trae la navidad es el mejor regalo que nos podemos dar, disponernos a perdonar todo lo que nos ha lastimado nos limpia y nos alivia. es tiempo para restaurar, para tomar nuevos bríos. 

Bienvenida sea la Navidad!
viernes, octubre 24, 2014 |
Una investigación sugiere que la diabetes tipo 2 se relaciona con la tendencia al resentimiento, la menor probabilidad de perdonar a otros, en De Psicología.com os lo contamos. La investigación la han llevado a cabo C.Nathan DeWall psicólogo social de la Universidad de Kentucky. En su estudio relaciona los síntomas de la diabetes tipo 2 a niveles bajos de perdón y altos en resentimiento

Los resultados siguiere que los niveles bajos de glucosa no solo son peligrosos para la salud, también lo son para la personalidad. Los resultados los han publicado en la revista Personality and Individual Differences

Dewall y su equipo para probar su tesis diseñaron cuatro experimentos. Tres de ellos incluían a 511 voluntarios de 28 años de edad promedio que participaron en un sondeo por Internet. 

En primer lugar se completaba una lista con la cantidad y gravedad de síntomas asociados a la diabetes como por ejemplo, entumecimiento o pérdida de sensibilidad en los pies. 

A continuación se midió su deseo de perdonar utilizando tres escalas diferentes. 

  1.  Una escala de 10 preguntas para medir el grado en que estaban predispuestos a perdonar (con preguntas como , yo puedo perdonar a un amigo por casi cualquier cosa) 
  2. En segundo lugar informaron de su nivel de perdón en situaciones concretas, como , ¿perdonarías a una persona que ha revelado un secreto tuyo? 
  3. Tenían que informar en qué grado habían perdonado realmente a alguien que les había hecho daño. 

Los investigadores encontraron una correlación positiva entre síntomas de diabetes y una tendencia a ser implacable tanto en situaciones reales como las hipotéticas. Encontraron una correlación negativa entre síntomas y la propia tendencia a perdonar. 

4- En esta prueba participaron 182 voluntarios que jugaron a un juego de ordenador en el que podían responder a un comportamiento negativo de su pareja 
  1. Perdonando y siguiendo adelante 
  2. No perdonar y tomar represalias 

Los resultados muestra que los síntomas de la diabetes se relacionan más con el resentimiento y no perdonar que con el perdón

 DeWall y sus colegas señalan que los niveles bajos de glucosa en sangre pueden ser el factor desencadenante de estas actitudes de resentimiento

La glucosa es el combustible para el cerebro, las tareas que requieren autocontrol necesitan grandes cantidades de glucosa. de ahí que el autocontrol sea un recurso limitado. Un factor importante es la promoción de las actitudes de perdón para evitar sus consecuencias negativas. 

La incidencia de diabetes tipo 2 está en aumento, estas personas tienen una menor capacidad de procesar eficientemente la glucosa. Una menor capacidad de procesar la glucosa se relaciona con una reducción en la capacidad de autocontrol. 

Esto puede llevar a una espiral negativa en el ámbito personal, laboral y social. Si la diabetes tipo 2 aumenta y a la vez nuestra sociedad tiene menor capacidad de perdonar, ¿es posible ambas tendencias estén relacionadas? 

 Fuente|www.miller-mccune.com
miércoles, octubre 22, 2014 |
Próxima parada: Avenida del Perdón
Durante muchos años, confié en el ego para liberarme del sufrimiento, para liberarme de mi sentir de pequeñez e incorrección. Me esforzaba por reparar las partes de mi persona que no eran adecuadas. Si me sentía insegura, me esforzaba por lograr seguridad, si sentía pereza, me concentraba en ser activa, si sentía miedo, me enfocaba en ser valiente, si sentía escasez me centraba en ser generosa…Creía que tenía que hacerme un lugar en este difícil, duro injusto mundo que otros habían construido para mí. A cada fracaso, a cada ideal no conseguido,surgía en mi la pesadumbre ¡había fallado ¡Si lo intentaba más intensamente podría ser adecuada y tener éxito! 

El camino era costoso y sufriente pero la recompensa merecía la pena. Por fin seria digna de ser amada, incluida,reconocida. Me había equivocado y mi mente confundida había tomado el bus-Separación, con paradas en la Avenida de la Culpa, Calle del Miedo, Plaza del Sufrimiento, Parque del Castigo. A veces parecía que el trayecto era correcto. Durante un breve espacio de tiempo me sentía bien, parecía que por fin algo marchaba, pero en el fondo, mi sentir me hablaba de desasosiego, tensión, presión. No me encontraba en paz. Ahora que había logrado mi lugar en el mundo, ahora que había logrado encajar, tenía que sostenerlo, no podía perderlo. Una angustiosa tensión me acompañaba en el camino. Si miraba alrededor parecía que no había otra manera de poder vivir ¡Todos hacíamos lo mismo¡. ¡Era la normal, era la vida¡ Mas tarde comprendí que ese “todos” era yo misma y que lo que llamaba normal no era más que demencia. Así camine durante largo tiempo: Sola, triste, incompleta a pesar de sostener una gran sonrisa externa y convencer al mundo y a mí misma que todo estaba bien. 

Un día sentí en el fondo de mi corazón que tenía que haber otra manera. Recuerdo ese día en el que decidí que mi función era ser Feliz y expresar Amor. Ese día decidí bajarme del bus-Separación y comenzó a cambiar mi credo. Emprendí el camino, vacilante y dudosa por esa nueva ruta desconocida para mí. Me sentía como en una cuerda floja. Si miraba hacia atrás, no quería retomar la espesura de la selva, si miraba hacia delante solo contaba con un claro pero todavía, leve susurro de mi corazón. Había tomado el bus-Perdón con paradas en la Avenida del Amor, la Plaza de la Compasión, la Calle de la Verdad, la Rotonda de la Aceptación. Sabia profundamente que no había marcha atrás. 

Hoy, aunque a veces me equivoco al hacer el trasbordo y me detengo en la parada del Miedo y la Culpa, me doy cuenta y amablemente, retorno a mi ruta. Hoy esa decisión de estar en Paz que apareció como un oasis en el desierto, la vivo mucho más firme, sin duda, sin dilación, pues ahora sé que ese oasis no solo no es una alucinación, sino que es el recuerdo de lo único Real. 

Hoy miro atrás y sonrío a tanta locura que sostenía desde la más pura inconsciencia 

Hoy miro atrás y celebro estar en el camino del perdón, en el camino del amor y sé que el cielo que habita en mi mente se viste de fiesta cada vez que recuerdo cual es mi Función en cada paso del camino. 

Gracias Ser por alumbrar cada noche oscura. 

Gracias Comprensión por tu siempre perfecto cuidado. Gracias Amor por revelarte ante mi real y poderoso

jueves, octubre 02, 2014 |

Cualquiera puede sentirse mas en en paz y con más energía a través del proceso del perdón, este proceso trae a mi memoria cuando uno tira pesas por la borda en un paseo volando en un globo para poder aligerarlo. La ira, el miedo y el resentimiento acumulados son pesos muertos que nos desaceleran y agotan nuestra vitalidad. Quizás usted tenga algún peso que pueda tirar por la borda de su globo ahora mismo. 



Pasos para lograr libertad a través del perdón. 

1. Conozca los beneficios del perdón- El perdón es distinto a decir "Perdí" o "Estaba equivocado y tu estabas en lo cierto" Es distinto a redimir a alguien por un acto que uno ha percibido como erróneo. El perdón simplemente es el acto de liberar su espíritu y convertirse en un ser ilimitado. El premio es el incremento de su paz y su energía y el perdón es el precio. 

2. Haga un inventario del perdón- Escriba el nombre de todas las personas vivas o muertas, que lo hayan irritado en su vida. La mayoría de las personas pueden llenar tres o cuatro paginas y de repente encuentran nombres de personas en las cuales no habían pensado en años. Algunas personas ponen hasta el nombre de mascotas que en algún momento las enojaron y casi todo el mundo escribe su propio nombre en la lista. 

3. Libérese y perdone- En un cuarto solitario en donde no haya interrupciones repase su lista nombre por nombre. Mantenga en su mente la imagen de cada persona en su mente y dígale: "Te perdono y te libero, no te guardo ningún rencor. Mi perdón hacia ti es total. Soy libre y tu eres libre." 4. Haga indultos todas las noches- Cada noche antes de dormir revise mentalmente su día. ¿Hay alguien a quien deba perdonar? Al igual que lava su cara cada noche, también es importante limpiar su conciencia o su mente con la misma frecuencia para que no se acumule el resentimiento.
viernes, junio 27, 2014 |
Pasamos por momentos en los que la palabra perdón se asocia con algo religioso, pensamos que perdonar tiene que ver con tomar actitudes falsas de tolerancia o de reconocer que el ofensor tiene razón, actualmente sentimos que perdonar es negar nuestros sentimientos genuinos en nombre del perdón. 

Un concepto confuso: Lo que el perdón NO ES

  • Perdonar no es justificar comportamientos negativos propios o ajenos. 

Maltrato, violencia, agresión, deshonestidad son algunos comportamientos que pueden ser totalmente inaceptables.El perdón no quiere decir que apruebes o defiendas esa conducta, ni excluye que tomes medidas para cambiar la situación o protegerte. 

Sería imposible perdonar a un violador o a un asesino si tuviéramos que aceptar ese comportamiento. Sin embargo, hay personas que han perdonado a sus violadores, como Robin Casarjian, especialista en el perdón.Tú puedes considerar conveniente una medida firme, como el divorcio, el pleito, o el fin de la relación para impedir que vuelva a ocurrir. 

  • El perdón es un acto interior de liberación emocional. En realidad, no tiene nada que ver con la persona que te agredió. 
  • El perdón no exige que te comuniques directamente con la persona a la que has perdonado. 
  • El perdón es un proceso interno. No hace falta ir y decir “te perdono”. 

Con frecuencia, la otra persona advierte el cambio producido en tu corazón, sin necesidad de explicar nada. Pero esto solo pasa a veces.Perfectamente puede darse el caso de que perdones a alguien que ha muerto o que no está dispuesto a hablar contigo. 

  • Perdonar no es olvidar lo sucedido 

 El mito de “perdón como olvido” pretende que un suceso desagradable sea extraído de nuestra memoria sin más, en lugar de una ampliación de conciencia es una disminución de memoria .En realidad es una evasión de lo sucedido, una negativa a afrontar el dolor que produce habitualmente emociones reprimidas.El perdón siempre amplia la conciencia y la comprensión, nunca la disminuye, incluso tratándose del pasado. 
Esto no implica que llegue un momento en que la emoción que produjo tu proceso del perdón deje de estar presente, y por tanto deje de afectarte. Sin embargo, si necesitas recordarlo, todo está ahí, todos los datos puedan ser recordados. Esto no debe hacernos confundir al perdón con un olvido. 
Un olvido no te da por si solo la paz y la libertad, sino que el tema olvidado puede regresar una y otra vez a tu vida para monopolizar tu emoción y tu mente, desde las nieblas del subconsciente. 

  • Perdonar no es hacer como que toda va bien. No es reprimir

A veces es confusa la distinción entre perdonar y reprimir o negar la rabia y el dolor. Enfadarse se considera a menudo inaceptable, y tendemos a reprimir la rabia [auténtica], diciendo que “está perdonado” [falso] para evitar el rechazo o el abandono. 
Es un falso perdón, sin experimentar la liberación y paz propia del auténtico perdón. 

  • Perdona no es adoptar una actitud de superioridad y someter o castigar al perdonado.Si se perdona a alguien porque te produce lástima [se piensa que no es nadie, que es una pena o no tiene solución], se confunde perdonar con ser arrogante.Perdonar no significa que tengas que comportarte de un modo específico.Puedes perdonar a un viejo amigo a quien no ves, y eso no significa que tengas que llamarle.Puedes perdonar a tu madre que sea criticona y al mismo tiempo decidir no hacerle confidencias. Puedes perdonar a tu pareja que sea descuidada con el dinero, pero eso no significa que la tengas que dejar a cargo del dinero ni dejarle llevar las cuentas.Puedes perdonar a un trabajador incompetente, y despedirlo por no hacer bien su trabajo. 

En realidad perdonar es sanar. Es liberarte de las ataduras emocionales del pasado, perdonar es el medio de autorrealización y crecimiento interior más poderoso que existe, ¿perdonas cada día?. Perdonar no significa que la otra persona tiene razón y que uno se equivoca, sino más bien, muestra que hay otra manera de mirar el mundo. 
Para perdonar hay que disponer de las herramientas adecuadas: la auto-observación, la honestidad, la confianza y el deseo de verdad. Aunque somos diferentes por fuera, desde dentro todas buscamos paz y libertad. Hay un bonito cuento el cofre que cuenta lo siguiente. 

 "Hace muchos, muchos años, en una rica comarca más allá de los mares del Norte, hallábase un rico y sabio comerciante de nombre Abdul, que vivía enamorado de Sara, una bella y joven muchacha, 22 años más joven que él con la que vivía y compartía una casa plena de paz y prosperidad. 
Como quiera que por causa de sus transacciones tenía que desplazarse a lejanos países durante largos períodos de tiempo, había encomendado a su fiel criado Malik la protección y el cuidado de su joven esposa, mientras durase su ausencia. 
Un día, recién llegado de un viaje por los mares de sur y sintiendo su corazón pleno de deseo por encontrarse con su amada esposa, vio como se aproximaba su fiel criado Malik que corriendo a su encuentro le dijo algo turbado: 
“Vuestra esposa señor, está actuando sospechosamente, en sus aposentos tiene un enorme cofre que perteneció a su abuela, suficientemente grande como para esconder a un hombre. Tal vez en él solo habrá unos bordados antiguos. Sin embargo creo que ahora debe haber mucho más en él… Ella no permite, que yo vuestro más antiguo y fiel criado, averigue qué hay realmente en su interior” 
Abdul, visiblemente inquieto se dirigió a los aposentos de Sara y señalando el enorme cofre le dijo:
“Sara: ¿qué guardas en su interior?” 
A lo que ella respondió: “¿Me lo preguntas por las sospechas que puede haberte transmitido tu criado o porque no confías realmente en mi?” 
A lo que Abdul respondió: “¿No sería más fácil que abrieras el cofre, sin pensar en suposiciones?” 
“No creo que sea posible”, argumentó Sara. 
“¿Está cerrado?” Preguntó Abdul. 
“Sí” Dijo ella. 
“¿Y donde está la llave?” Preguntó él. 
Ella la mostró y le dijo: “Despide a Malik y te la entregaré”. 
Tras una deliberación, el sirviente fue despedido por Abdul. La mujer entregó la llave y se retiró obviamente perturbada 
Abdul antes de ordenar abrir el cofre y, sabiendo del poder de sus propias creencias internas, se retiró a meditar y reflexionar durante tres días y tres noches, hasta que finalmente llamó a cuatro de sus jardineros, ordenó transportar el cofre a un lugar distante y, sin abrirlo, mandó enterrarlo. El asunto nunca más fue mencionado. 
Desde entonces se dice que el hombre sabio: Decide lo que quiere que suceda en el interior de su corazón sembrando y cultivando rosas ó bien arbustos de espinos." 

 ¿Qué es la paz interior? 

 Paz no es lucha, ni conflicto, ni esfuerzo, ni sufrimiento. 
Paz no es miedo, ni preocupación, ni inseguridad, ni incapacidad o impotencia. 
Paz no es exigencia, ni control, ni manipulación. 
Paz no es prisa, ni precipitación. 
Paz no es crítica, ni reproche. 
Paz no es culpa, ni sentimiento de fracaso, o indignidad. 
Finalmente, paz no es inactividad, ni aburrimiento ni insensibilidad o indiferencia. 
Paz simplemente es estar bien con lo que hay. Está en consonancia con la aceptación del momento, del pasado, de la vida. 

 La primera decisión 

 Tal como hemos visto, el perdón comienza siempre con una decisión. Las decisiones se toman en la mente e implican un enfoque de intención, un desear, un elegir. Las decisiones son las manifestaciones de la voluntad. 

Soraya founty .
viernes, junio 20, 2014 |
“La única forma de liberarnos es a través del perdón. El perdón entre muchas otras cosas, abre las puestas de la prosperidad.

Perdonar nos permite cerrar puertas para que otra mejor y más grande pueda abrirse. Es la posibilidad de empezar de nuevo. Es como volver a cero y, cuando estamos en cero, todo es posible. En cero volvemos a ser niños, abiertos, flexibles y curiosos. Sin rencores, sin preocupaciones, sin expectativas



Shakira, en su canción Waka Waka, dice: “Necesitamos empezar de cero para tocar el cielo”

Si estás despierto, si sabes quién eres realmente, no tendrás problemas para perdonar y perdonarte. Es más fácil de lo que piensas. No necesitas aprenderlo, ya que NACIMOS SABIENDO PERDONAR; es algo natural en nosotros”Mabel Katz

Hay muchos tóxicos en nuestra alimentación y en nuestro modelo de civilización, pero también dentro de nosotros. El rencor, el odio, el resentimiento, la venganza, la culpa, …. son emociones autodestructivas que perjudican nuestra salud física y psíquica. Pero existe una medicina gratuita y tremendamente liberadora de nuestro potencial interno que está a nuestro alcance, el perdón.

Aunque creamos que no tenemos nada que perdonar en la vida, merece la pena conocer la energía del perdón y la disposición al cambio que conlleva. Muchas veces la pelea no es contra elementos externos sino contra nosotros mismos y además, nuestra sociedad oculta inconscientemente  una gran dosis de amargura y culpa que el perdón puede sanar y convertir en paz y evolución.

viernes, junio 13, 2014 |
El perdón, por lo general, suele ser visto desde una perspectiva algo errada, siendo que quien se ve en posición de perdonar a alguien más, considera estar haciéndole el favor.

El perdón, si se lo examina sensatamente, desde el punto de vista de que nadie tiene el real poder o autoridad de condenar a nadie, no tendría razón de ser. Cuando ésto ocurre, a la condena me refiero, se debe, en la generalidad de los casos a expectativas propias puestas en los demás que no fueron cumplidas o a la ignorancia de todo lo que circunda un acto, y que por razonamientos morales surgen los juicios.


Este artículo guarda una estrecha relación con el publicado anteriormente, que menciona a la culpa como gran precursora de malestar.

El perdón viene a sanar los males causados por la culpa, sea que ésta se encuentre dentro, haciendo sentirse culpable, o fuera, culpando a otros; el mal que causa es exactamente el mismo.

Los juicios morales y su resultado, la culpa, son capaces de desequilibrar y hasta destruir la salud de cualquier persona, debido a que se vuelve como una sombra difícil de desvanecer. Entra de manera muy fácil en consciencias que ignoran el mal que les espera y luego se arraiga, incluso de formas demasiado imperceptibles para la mente consciente, sobretodo porque los juicios emitidos se fijan en forma de auto-condena, amparado ésto en el fenómeno de proyección que dice que uno juzga en otros los “defectos” de uno mismo. 

Proyección, percepción de esa proyección y juicio. Así ocurre.

Las personas sostienen que es muy difícil perdonar, no logran hacerse a la idea de liberar a otros de las culpas que se están cargando sobre ellos, pero, no saben que el perdón libera a su precursor, a quien están corroyendo los juicios por dentro es al juez.

Una vez aceptado éste hecho se puede iniciar con los intentos de perdón y descubrir por propia experiencia la sanación de algunas dolencias, enfermedades crónicas e incluso graves.

Vivimos en una sociedad donde los justicieros abundan. Los programas de noticias estimulan constantemente los juicios en las personas mostrándoles hechos a medias llenos de subjetividad y que buscan movilizar ese aspecto en las personas testigos de modo de mantenerles esclavos de un malestar constante.

Las noticias favoritas son aquellas en las que los niños son abusados, maltratados o asesinados, porque, naturalmente, no tienen perdón, no hay nada que justifique el daño a un inocente y ¿quién más inocente que un niño?. 

Este tipo de mecánica mediática de control mental tienen un doble sentido y ninguno bueno, uno es el ya mencionado, la esclavitud mental a partir de los juicios y la promoción de actos por efecto contagio, un fenómeno más que conocido por los medios de comunicación.

De nada sirve enterarse de los eventuales y muy poco habituales (considerando la cantidad de habitantes del planeta) hechos condenables desde la total ignorancia para solucionar el hecho en sí. Algo ocurrió y de nada sirve darle a conocer a toda una población ignorante este hecho y menos, con la carga de morbo y juicio de los encargados de brindar la información.

No es cuestión de privar a quien quiera considerarse a sí mismo juez de lo que sea que quiera, simplemente se le está dando a conocer las reales consecuencias que tiene el acto de juzgar-condenar y la insensatez en lo que refiere a las soluciones. 

Instamos a aquellos que quieran aceptar el desafío de liberarse a hacer la prueba de perdonar lo presentado como aberrante, poner las manos sobre el pecho y ver en su propia mente todas aquellas escenas de hechos que no se considera capaz de perdonar y con voz firme decir “yo te perdono”.

Esto permite a las personas ver que temen y condenan sus propios pensamientos de miedo, creados en su mayoría por la propia mente y a la vez el perdón alivia y libera.

Se puede considerar al perdón como el método de sanación más rotundo de todos los tiempos. Estuvo, está y estará a disposición de todo aquel que tenga como fin la libertad para vivir en el mundo con sus desafíos y bondades.
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