sábado, julio 30, 2016 |
Hablar de Tus Metas Te Aleja de Ellas 

Tienes un proyecto entre manos que te tiene muy ilusionado. Incluso te cuesta conciliar el sueño. Tienes unas ganas locas de compartir con otra persona tu planes. Al final acabas contándoselo a tu madre y a tus amigos. De hecho, casi cada día les hablas de ello. 

Mal. Sin tú saberlo cada vez que le cuentas a alguien tus planes te estás alejando de tu meta. 
¿Cómo puede ser? ¿No debería ser bueno contarles a otros sobre nuestros proyectos? Así nos pueden apoyar o aconsejar, ¿no?

NO. Evita siempre que puedas contar a otros los proyectos que tienes en mente llevar a cabo o no se harán realidad. 

Estudios demuestran que aquellas personas que hacen públicas sus intenciones es menos probable que terminen por llevarlas a cabo. Por contra, quienes no hablan de sus planes tienen más probabilidades de llevarlos a buen término. 

La Explicación 

Si hablas de tus proyectos o planes con otras personas creas en tu cerebro la ilusión de que ya lo has llevado a cabo. Eso te produce una satisfacción, suficiente para perder motivación en lo que planeabas hacer. 

Como dijo Derek Sivers, de quien descubrí esta teoría en que se basa el artículo:

“El cerebro confunde el decir con el hacer”. 

¿Qué sucede cuando nos sentimos satisfechos? Que ya no queremos más. Por lo tanto, no seguimos buscando eso que se supone que nos tendría que reportar la satisfacción, es decir, la terminación del proyecto. 

Tiene sentido, ¿verdad? ¿Cómo te sentiste la última vez que hablaste con alguien de un proyecto en el que estabas trabajando? Te sentiste bien estoy seguro. Una sensación de realización personal recorrió tu cuerpo. 

Cuando eso ocurre mentalmente estás sustituyendo el auténtico logro (acabar tu proyecto) por una simulación del logro (“realidad social” de algo que no ha ocurrido)

La realidad social en este caso se produce cuando uno dice algo y otros lo escuchan. Ese algo es percibido como real (realidad social) sea real o no lo sea.

Por lo tanto, no es tanto el decir tus planes en voz alta sino el hecho de que sepas que otra persona conoce tus planes. Es esa realidad social lo que te hace sentir de forma prematura una sensación de satisfacción por algo que todavía no se ha llevado a cabo

Por la misma razón, en otro estudio se ha descubierto que si tienes éxito en un objetivo (comer comida sana) al servicio del cumplimiento de una meta mayor (estar en buena forma) eres más propenso a reducir tus esfuerzos en otros objetivos (por ejemplo hacer ejercicio o dejar de fumar) conducentes a esa misma meta. ¡Interesante! 

Bien veamos ahora . . .

La Solución

La solución es muy simple aunque no siempre es fácil. Como ya debes suponer se trata de no contar tus planes o proyectos hasta que estos sean una realidad.  

En otras palabras: haz más, habla menos.

"Haz más, habla menos"

Ahora bien, si eres como yo difícilmente te podrás contener siempre. Simplemente llega un momento que explotas y lo sueltas todo.

 Ahora sabes que hablar de tus planes tiene un efecto contraproducente en tu motivación. Por lo tanto, cada vez que tengas ganas de hablar de tus proyectos piénsatelo dos veces.

¿Quiere esto decir que no podré contar nunca más mis planes? No, ni mucho menos.

Cómo Contar las Cosas

De hecho contar tus planes puede llegar a ser positivo siempre y cuando lo hagas en una de las dos maneras que te propongo a continuación. 

1. Retrasando la Satisfacción. Contarlo a Medias 

Le cuentas a otra persona que estás trabajando en algo, pero lo haces de una forma tan vaga que esta otra persona no sabe en realidad qué estás haciendo o qué planeas hacer. 

De hecho, se lo has contado únicamente para pedirle que se interese por tus avances de forma periódica en el tiempo y así tú te obligues a avanzar en el proyecto. Eres persona de palabra. No quieres quedar mal delante de él o ella. 

Le dices que cuando lo termines se lo cuentas con más detalle. Eso aumentará tu motivación por terminar pues cada día que pase tendrás más ganas de contárselo. 

"La vaguedad en tu relato es importante. Si concretas demasiado estarás creando un símbolo de identidad y eso es algo que queremos evitar. El símbolo de identidad es precisamente lo que reporta esa satisfacción.
Por ejemplo, si le dices que estás escribiendo un libro sobre determinado tema estás creando un símbolo de identidad de que eres escritor y que eres experto en ese tema sobre el que escribes. Es un símbolo de identidad ilusorio, pues aún no has terminado el libro (puede que ni lo hayas empezado aún), y tú mentalmente ya te estás viendo como un escritor experto en ese tema con el libro terminado. Esa satisfacción te desmotivaría de conseguir el verdadero logro, que no es otro que terminar el libro. 
El contárselo como excusa para que la otra persona controle tus avances te ayuda a mantenerte fiel a tu palabra de progresar y de no dormirte en los laureles. No hablas por hablar. Hablas con un objetivo claro: progresar hasta la terminación del proyecto.

2. Cuéntalo para Sentir Insatisfacción

En vez de contar tus planes para sentir satisfacción cuéntalos para sentir lo contrario: insatisfacción, desagrado, deuda o incumplimiento. 

Me explico. El problema de hablar con otros de tus proyectos es que sientas una satisfacción por el simple hecho de hablar. Esa satisfacción te quita motivación para conseguir ese objetivo que persigues: la terminación del proyecto. 

¿Cómo lo solucionamos? Hablamos pero lo contamos de una forma que genere en nosotros alguno de esos sentimientos contrarios a la satisfacción. 

Por ejemplo: “Estoy yendo al gimnasio. Estoy determinado a ponerme en forma. Te invito a cenar si en un mes no he perdido por lo menos 6 kilos”. Generas sentimiento de deuda. 
Otro ejemplo: “Quiero acabar este libro del que te he hablado. No estoy avanzando como yo esperaba. A partir de hoy he de hacer por lo menos 5 páginas al día. Recuérdamelo la próxima vez que hablemos del tema”. Generas sentimiento de incumplimiento y de deber. 

Bueno ya ves como va esto.

Mi recomendación. Si puedes evitarlo no hables de tus proyectos con los demás y mucho menos si lo haces por la pura satisfacción de contarlo. O al menos, sé consciente de cuando lo haces y trata de hacerlo cuantas menos veces mejor. 

¿Has notado esa satisfacción después de hablar de tus metas? ¿Has perdido motivación a causa de ello?

Escrito por David Cantone en Emprendedores, Motivacion
lunes, febrero 02, 2015 |
Si miramos la vida desde la tercera dimensión, podemos decir que cometemos errores y que nos equivocamos. Pero si miramos la vida desde una perspectiva mas elevada, desde la espiritualidad, estos errores dejan de ser errores y pasan a convertirse en experiencias que nos ayudan a aprender y mejorar. 

Somos aprendices, pero aprendices muy especiales. Porque en realidad no estamos aprendiendo, más bien estamos recordando todo lo que ya sabemos, pero que hemos olvidado bajo el velo del olvido voluntario.

Cada eventualidad que podemos etiquetar como un error, no es más que una acción que demuestra la falta de alineación para recordar la verdad. Lo más increíble es que no existe otra manera de recordar. ¿Cómo puedes aprender algo sin experimentar con prueba y error? 

Muchas personas pretenden nunca fallar, nunca dejar de acertar y ese deseo se convierte en su peor enemigo. Pueden sentirse muy mal, derrotados, frustrados y molestos con ellos mismos bajando su autovalor, sin darse cuenta de que esas cosas que le han sucedido, son exactamente las que tenían que suceder para su bien, para acercarse a la verdad. 

Hay demasiadas personas en este mundo sufriendo y sintiéndose culpables por haberse equivocado según lo que dice su propio criterio o según el criterio de otros. Hay muchos sistemas que están basados y existiendo solo en base a este sufrimiento absurdo e inútil. 

Cuando nos damos cuenta de que estos errores son los peldaños para mejorar y elevar nuestro nivel de consciencia, la vida se torna muy distinta, mucho más liviana y entretenida. No importa el tamaño que puedas asignarle a tu error, para el Universo no existe la misma escala de graduación, posiblemente ni siquiera exista una escala de graduación. Y quizás ni siquiera exista la palabra error. . 

Y aquí estamos nosotros, pensando que la vida se ha tornado un desastre debido a lo que hicimos o dejamos de hacer y sufriendo también por lo que han hecho otros.

Otro punto importante en todo esto, es que todo error puede ser corregido sin que el tiempo y el espacio puedan impedirlo. El tiempo verdadero no es lineal. En este preciso instante podemos corregir acciones, pensamientos y emociones que se manifestaron hace muchos años atrás. Desde el momento presente se puede limpiar pasado y futuro. Todo es un eterno ahora. 

Enrique Salazar A.
viernes, enero 30, 2015 |
DEFENSA ENERGETICA.

Los sistemas comunes de defensa energética Todos creamos bloques porque consideramos inseguro el mundo. Los creamos según pautas que implican a todo nuestro sistema energético. Este sistema ha sido concebido para repeler, para defendernos agresiva o pasivamente contra una fuerza que llega del exterior. Está concebido para demostrar poderío y, por tanto, asustar al agresor, o para atraer una atención indirecta, sin que queramos admitir que eso es lo que deseamos. 

En la figura ofrezco ejemplos de los sistemas de defensa energética que he observado. Estos sistemas de defensa son empleados por el individuo cuando se siente amenazado. Con el «puercoespín» (generalmente de color gris blancuzco), el aura de la persona se hace espinosa y dolorosa al tacto. Es un aura punzante. En muchas ocasiones, al poner mi mano sobre alguien que no deseaba ese contacto, he podido sentir las espinas que me atravesaban. La mayoría de las personas responde a esta defensa con el distanciamiento. 

En la forma de defensa de «retirada», la parte de la conciencia y del aura que es amenazada se limita a abandonar el cuerpo, en medio de una nube de energía azul claro. Los ojos presentan un aspecto vidrioso, aunque el individuo aparenta estar escuchando con atención lo que le decimos. Todo ello es aplicable también a la persona que está «junto a sí misma». Esta particular configuración tiene una duración más larga que la retirada, que puede durar desde unos cuantos segundos a varios horas. El estar «junto a uno mismo» suele durar más tiempo, quizá días o incluso años. He visto personas que estuvieron parcialmente fuera de sus cuerpos durante años a causa de algún traumatismo o por una intervención quirúrgica temprana. En cierto caso, una joven fue operada a corazón abierto cuando sólo contaba dos años. Tenía veintiuno cuando trabajé con ella para ayudar a sus campos energéticos a asentarse con mayor firmeza en su cuerpo. Sus cuerpos superiores se desconectaban parcialmente y flotaban por arriba y por detrás de ella. Esta desconexión hizo que se desconectara también de sus sentimientos. 

La negativa verbal está asociada con una gran cantidad de energía, por lo general amarilla, en la cabeza, un severo bloqueo del cuello y un agotamiento de energía en la mitad inferior, pálida e inmóvil. 

Para mantener su status quo, la persona se mantiene verbalmente activa como para retener algún sentimiento de estar viva. Este intercambio verbal mantiene el flujo de energía hacia su cabeza. 

La succión oral está íntimamente relacionada con la negación verbal por el hecho de que resulta efectiva para absorber energía de quienes están alrededor y llenar así el propio campo de la persona, que usualmente es incapaz de obtener esa energía del entorno natural que le rodea. Dicho de otro modo, la capacidad de la persona resulta inadecuada para metabolizar el suministro de orgones procedente de la atmósfera circundante, lo que la obliga a obtener energía predigerida de otros. Puede detectarse esta forma de succión en la verborrea insustancial y agotadora o en los ojos de «aspiradora» que presentan algunas personas. Son seres a los que les encanta revolotear alrededor de los demás creando en cierta forma de socialización. Hay otros individuos que necesitan descargar un exceso de energía (tipos masoquistas), y que son buenos compañeros de los succionadores orales. Satisfacen mutuamente y bastante bien sus respectivas necesidades. 

Los ganchos que he visto en algunas cabezas se encuentran, por lo general, sobre personas que tienen una estructura de carácter psicopático y se encuentran en proceso de enfrentarse, por ejemplo, con un grupo de individuos. Tal situación les hace sentirse muy amenazadas y forman un «gancho» sobre sus cabezas. Si las cosas se enrarecen demasiado, lanzarán el «gancho», usualmente acompañado por alguna expresión oral, contra quienes consideren presuntos agresores. Por otra parte, cuando este tipo de persona quiere enfrentarse a alguien, puede que intente sujetar al otro por la cabeza con la energía mental. Es posible que la persona enfrentada quede retenida dentro del campo energético de su oponente hasta que este último esté seguro de que su opinión se expresa y es aceptada como desea. Este tipo de defensa/ofensa supone una gran amenaza para quien la recibe, puesto que en apariencia se enfoca lógicamente a base de pasos muy racionales que conducen a la conclusión «correcta», pero el mensaje que se transmite «entre líneas» es que mejor será que se muestre conforme. Esta clase de intercambio suele ir acompañada por la suposición inherente de que la persona atacada es «mala» o está equivocada, mientras que el atacante es «bueno» y tiene razón. 

Los «tentáculos» son rezumantes, resbaladizos, silenciosos y pesados. El sujeto, en su búsqueda de seguridad, lanza los tentáculos hacia el plexo solar de alguien en un esfuerzo por captar y extraer toda su esencia para devorarla. El individuo en cuestión está lleno de su propia esencia, pero no sabe qué hacer con ella porque piensa que permitir que se desplace significa humillarse. Así, se siente poseído por la desesperación e incluso pierde contacto con su propia esencia. Puede que adopte durante algún tiempo una actitud silenciosa, encerrándose en sí mismo. Entonces, los «tentáculos» actúan sobre su propia esencia tirando de la persona hacia abajo. Esta silenciosa meditación es, sin embargo, muy ruidosa a nivel energético. El sujeto se mantiene ausente dentro de una habitación llena de gente que se divierte de forma activa. Pronto se ve rodeado por personas que quieren ayudarle, e inconscientemente, aunque con gracia e inteligencia, agradece a cada uno la ayuda que le ofrece, les dice que no dará resultado y les pide otras sugerencias. Y así prosigue el juego. La persona tentaculada cree que necesita algo del exterior, pero lo que realmente precisa es dar de sí. Puede que entonces pruebe con los dardos verbales para provocar la ira de alguien. Estos dardos no sólo son dolorosos oralmente, sino también energéticamente, y surcan el aire para herir al receptor de manera muy precisa y efectiva. El arquero confía de forma inconsciente en que así causará el dolor suficiente para hacer que estalle la ira, lo que le dará una excusa para dar suelta a la suya propia y evitar así la humillación. De esta forma premeditada, precisa, mental, intenta humillar al otro y, al mismo tiempo, evitar sensaciones en la mitad inferior del cuerpo. 

La persona que recurre a la «defensa histérica» responderá encantada a las «flechas»; la respuesta consistirá en una explosión. El tipo histérico explotará de tal forma que chocará contra el campo de cada uno con relámpagos y explosiones de color; es una furiosa y terrible eclosión de energía y caos que amenaza e intimida a los otros. Su propósito es hacer que todo el mundo abandone la habitación. 

La persona que emplea la «retención dentro de límites» escapa de la situación reforzando y engrosando sus límites para mantenerse intocable. Por tanto, ¡el mensaje que envía es de superioridad! Otro tipo de sujeto hace constar su supremacía con una exhibición de fuerza de voluntad intensamente ordenada, bien controlada, que explota hacia arriba y aclara su aura, de manera que no hay duda de «quién manda aquí y con quién no se puede andar jugando». 

Ejercicios para que el lector encuentre su principal defensa 

Pruebe cada uno de estos sistemas de defensa. ¿Cuál es el que utiliza usted? Pruébelos con un grupo de personas. Cada cual anda por la habitación con alguno de los sistemas de defensa. ¿Está familiarizado con cada uno de ellos? ¿Cuáles usa usted? Probablemente se emplearán muchos más sistemas de defensa. Sin duda, el lector puede pensar en otros (los que utiliza y los que emplean sus amigos). Lo importante es recordar que todos los usamos, y que todos estamos de acuerdo, de forma consciente o inconsciente, en interactuar mutuamente con ellos. Nadie está obligado a practicar estas interacciones; todas ellas son voluntarias. En determinados niveles de nuestra personalidad incluso disfrutamos a veces de estas interacciones. Necesitamos no sentir temor cuando vemos en los demás los sistemas de defensa. Siempre podemos elegir una respuesta tolerante, en vez de defensiva. Debemos recordar que siempre hay una razón que obliga a alguien a defenderse, a proteger alguna parte vulnerable que desea mantener controlada y oculta de otra persona, de sí mismo o de ambos. 

Brennan, Barbara Ann: (1990) Manos que Curan.
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