jueves, agosto 20, 2020 |
Me preguntan cual fue mi secreto para recuperar la salud física, mental y emocional. No es ningún secreto, todos los sabemos, solo se requiere de una acción, reaccionar. 

Pensamiento, palabra, acción y sentimiento deben ir en la misma dirección, en perfecta armonía. De no ser así, nos estamos engañando, o nos están engañando, ya que es preciso analizar a los demás para saber quienes son y hacia donde van. Esta máxima aplica para toda situación.

Analiza tu propia vida, luego analiza la de otros y el colectivo. Despójate de prejuicios, de creencias, incluso de tu máscara de tolerancia, hurga en el fondo de tu ser, allá está tu verdad, esa que ha estado allí desde los inicios de la humanidad. 

Lo que tengas que decir, dilo, guardarlo hará que enmohezca y el mas perjudicado serás tu mismo 
Respira aire puro, ese que huele a hierba, a tierra húmeda, a naturaleza. Ese que acaricia las mejillas mientras lo inhalas y llena los pulmones de pureza 
Consume agua pura, sin cloro, sin aditivos, sin filtros. Agua cuyo sabor es a ella misma. 
Procura el silencio, que este solo sea interrumpido por el canto de las aves, de los grillos 
Prefiere la tierra para caminar al concreto. Date ese regalo de vida a tus pies descalzos, siente que cada paso le da un beso a la tierra 
Procura estar siempre en comodidad. No te importe si tu ropa está a la moda. Que no te importe si te sientas en la tierra o te llenas de ella.  
Manda al carajo a quien deba estar allí, te aseguro que nada es tan gratificante.
Soledad no es tener a nadie al lado. Soledad es tener a muchos y tener que dejar de ser tú mismo para complacerlos 
Se tu mismos, tu misma. A nadie le importa realmente lo que eres por fuera, pero a tí si te importa lo que eres en realidad.  Sólo siendo tú mismo sabrás quien realmente eres.
Duerme tranquilo, que tu cansancio sea el que te produce la actividad realizada. 
Nunca te postergues el permiso de ser felices por no tener, el teléfono de moda, la ropa del momento... 
Se tú mismo, tú misma, vive para agradarte a tí, a ser feliz contigo mismo. 
Date el permiso de crecer y madurar

Te narro como viví en mi época mas crítica.
* Sobreviví y aun sobrevivo sin tener Tv desde hace mas de 5 años
* Sobreviví bañándome con agua fría durante 11 meses continuos
* Sobreviví comiendo solo sopa de papa (patata) y zanahoria durante 122 días 
* Sobreviví durmiendo en el suelo durante 127 días 
* Sobreviví a las traiciones de todo tipo
Descubrí que soy mas fuerte de lo que pensaba 

No me recuperé para darle en las narices a quienes me lanzaron al foso de los leones. Me levanté para demostrarme a mi misma que amo la vida. Por ello tengo toda la autoridad en ese aspecto para decirte a ti que me lees QUE TÚ TAMBIÉN PUEDES LEVANTARTE solo necesitas sacudirte de tanta pendejada disfrazada de autoayuda, que al final es un ladrillo atado a los tobillos. 

Tu máxima debe ser sentirte bien y a gusto contigo, sino sigues ese principio te queda solo el vacío de saberte nada ni nadie y peor sintiéndote solo, sola. No se es adulto por tener parejas, por tener hijos, por tomar alcohol, por fumar o consumir droga. 

No seas de los que viven confundidos por no saber ni que quieren ni a donde quiere llegar. 
No seas de esos enfermos que usan su enfermedad para obtener ganancias secundarias. 

Concédete el permiso de vivir una vida diferente. 
No te niegues la posibilidad de conocerse, de saber cuan lejos puedes volar. 

Finalmente, les puedo asegurar que nada tengo que me haga especial, nada que me haga superior a otro, al contrario, tengo quizá menos dones que la mayoría, soy demasiado común, lo que si te puedo asegurar es que si yo pude, TU PUEDES demostrarte cuan valioso eres, tu fuerza, tu temple, tu determinación. 

Tú mujer no necesitas atar su vida a nadie a cambio de nada, únete solo si amas, no por dependencia y menos por flojera de trabajar. Si yo pude, TU TAMBIÉN PUEDES a eso vine a mostrarte que prostituyéndote (así estés casada, sin amor es vender sexo) para que te mantengan, para tener una casa o para que te digan señora, vivirás vacía toda la vida. Enfréntate a ti misma 

Cuando la vida me puso contra las cuerdas, muchos aprovecharon esa debilidad para sacar provecho. Es tan fácil hacerlo, hasta creen que no hacerlo es de pendejos. Al contrario, hay que ser mas que imbécil para actuar con tanta bajeza, esa que trae un pesado karma imposible de salvar. 

En la vida hay que hacer el bien, si se quiere que nos vaya bien
miércoles, junio 17, 2020 |

Acostumbrados desde hace años a vivir en una hiperrealidad que describió muy bien Baudrillard, viendo y viviendo el mundo como un espectáculo virtualmente real pero realmente virtual a través de imágenes de Tv, de la computadora (ordenador), de la tablet o del teléfono 'inteligente'; más preocupados por los virus que podrían dejar fuera de juego nuestras prótesis digitales que del cálido contacto humano.
De un tiempo a esta fecha, se ha ido desarrollando el rasgo común de la naturaleza humana, con un nombre bastante extraño: Schadenfreude, que en alemán se traduce como placer por el sufrimiento. Algo que ha encontrado un buen caldo de cultivo en Venezuela, ese goce de ver como otros sufren mientras ´yo´ sigo viviendo mi propia hiperrealidad. Grupos que han comenzado a encontrar en esa explotación de la necesidad ajena, su modus vivendi.
Desde hace semanas nos ha captado toda nuestra atención, un "bicho" que trae dolor y angustia porque trae muerte, pero en su cara oculta ha traído una inoculación que produce una incontrolable emanación de nuestra auténtica esencia interior. En muchos ha producido la mas cruenta especulación de todo tipo, el negocio de la gasolina está haciendo millonarios a unos cuantos. Sin embargo, en otros ha aflorado en forma de solidaridad, personas haciendo cosas buenas por y para muchas personas. Estos son los que a final del día duermen tranquilos y su rostro muestra siempre la mas sincera sonrisa.
Una vez instaurada la cuarentena con la consabida necesidad de encierro, se sumó en nuestro país la quizá real causa para que nadie salga de casa, la escasez de combustible. Un tiempo en que la gran preocupación era, cómo obtener alimentos? En mi sector esto obtuvo la mas agradable respuesta.
Unos seres con una energía maravillosa, dulce, serena, amable, comenzaron a venir hasta acá a traernos vegetales. Pedro había acondicionado (profesionalmente) su camioneta con gas, lo que hace que no amerite gasolina. Gaby, Gabriel y Manuel con esa cálida sonrisa, ese amor con que tratan a todos los que cada miércoles esperamos ansiosos su llegada. Los productos son todos de óptima calidad, frescos, super frescos, y los precios? para muestra de su calidad humana, estos suelen ser mas bajos que los que publica una gran cadena de automercados en su feria semanal.
Con estas personas he tenido una gran conexión desde el día en que nuestras miradas tuvieron el primer cruce, me gustó eso, miran directamente a los ojos que permite ver la luz de su alma. En el mundo hay muchas buenas personas haciendo cosas muy buenas por otras personas, pero de ellos nadie habla. Por eso quiero mostrar que existen seres que nos llenan de esperanza, hay buena esencia, de ellos poco se sabe, son silenciosos y de lo bueno poco nos gusta hablar.
Estas cuatro personas Gaby, Gabriel, Manuel y Pedro me enseñaron que es posible creer en el ser humano, en este mundo son los actos los que demuestran quien es cada quien, que solo puede sonreír con amor, quien lo siente en su alma. Me he topado con unos seres que los hace felices servir a los demás. La gran lección es muy evidente, lo bueno atrae, la esencia de los demás seres humanos funciona como un imán para atraer todo aquello que vibra en esa frecuencia.
Los miércoles son para mi, muy agradables. Bajo un frondoso árbol, con un telón de fondo de la majestuosidad de la Sierra con sus colosos, es donde tiene lugar el encuentro con mis nuevos amigos, con vecinos, con algunas amistades. Nuestra cita semanal es anhelada.
Mi mas sincero agradecimiento a Gaby, Gabriel, Manuel y Pedro por tan gratos momentos


Siry
sábado, diciembre 21, 2019 |
Das todo y te piden más: el lastre de ser el mejor.
Das todo y te piden más: el lastre de ser el mejor. 
Por Edith Sánchez periodista 

Ser el mejor en algo no siempre es tan positivo como muchos piensan. Quien destaca en algo puede terminar siendo objeto de rechazo, de burla y hasta de abusos por parte de los demás. Todos conocemos los casos de chicos que son excelentes estudiantes en la escuela y, en lugar de ser admirados por ello, terminan siendo víctimas de abusos por parte de sus compañeros. 

En este sentido, todos hemos visto cómo alguien que obtiene un gran éxito no siempre es respaldado por quienes les rodean. A veces se convierten en un objeto de envidia, que se expresa como crítica o minimización de lo que hacen. Incluso a veces terminan siendo utilizados por los otros para sus propios intereses. 

“No te molestes en ser mejor que tus contemporáneos o tus predecesores, intenta ser mejor que tú mismo” –William Faulkner– 

Es muy amplio el abanico de grandes hombres y mujeres que han sido los mejores en su campo en algún momento, mientras que al mismo tiempo han tenido que debatirse entre la soledad y el rechazo de los otros. ¿Por qué ocurre esto? ¿Se puede trabajar para que sea diferente? 

Cuando ser el mejor implica obligaciones gratuitas 

Adriana trabajaba en uno de los centros educativos de un gran programa para niños en abandono. Su desempeño era excelente y por eso al final del primer año le dieron una noticia desconcertante: le darían a ella sola 30 niños más para que les atendiera. “Usted es la mejor, por eso confiamos en que puede hacerlo bien”. Pero no le pagarían más, ni le darían incentivos. Como premio, la habían castigado. 

Esto pasa también en los hogares. Si el hermano mayor es más hábil haciendo dibujos, es probable que sus padres le pidan que ayude a sus hermanos con los suyos. Lo mismo puede pasar con los idiomas, las matemáticas o la lengua. Si el menor es más responsable, pasará el resto de su vida asumiendo los deberes que demandan una mayor responsabilidad. 

Lo vemos frecuentemente en las madres. Ellas trabajan fuera del hogar, trabajan dentro del hogar, tienen todo listo cuando es necesario, y si un día fallan, comienzan a aparecer los reclamos. Se supone que ella siempre tiene que hacerlo todo, perfecto y a tiempo. Su dedicación y su empeño tienen como “recompensa” más exigencias. 

El rechazo por ser el mejor 

En el ámbito del estudio también hay unas curiosas formas de tratar al mejor. Se les dice que son “cerebritos” y esto es asumido como una deficiencia en lugar de como una virtud. Si el mejor de la clase no ayuda a todos sus compañeros, generará un profundo rechazo. Si les ayuda, se transformará en un idiota útil de los demás. Es como si lo mirásemos como lo mirásemos, ser el mejor no tuviera salida. 

En el campo laboral las cosas no son diferentes. El que sabe más, o el que puede más, siempre debe estar ahí, listo para prestarle su colaboración a los demás. De lo contrario, pasará por antipático y puede terminar siendo discriminado y aislado. 

Esto no solo ocurre con los más inteligentes o hábiles. También los más responsables terminan haciendo el trabajo que le corresponde a todo un grupo o equipo. Los más comprensivos acaban intentando apagar todos los conflictos o convirtiéndose en el paño de lágrimas de los demás. A los más valientes les toca, asumir las tareas que requieren de más valor, como si fueran inmunes. Y si alguno de ellos no lo hace, será acusado de egoísta. ‌ 

¿Hay salida? 

Sin duda, ser mejor en algo es también un lastre. Si bien el hecho de contar con habilidades, destrezas o conocimientos superiores al promedio del entorno entraña responsabilidades, también es cierto que muchos aprovechan esto para imprimirles cargas adicionales a los que saben más, o pueden más, o quieren más. 

De hecho, algunas de las personas que siempre tratan de hacer todo con excelencia, que no rehuyen el desafío de hacerlo, y de hacerlo lo mejor posible, terminan sintiéndose culpables si no responden a las exigencias de los demás. Aprenden a dar por cierta la fantasía de que deben cubrir las carencias y limitaciones de los demás. Así terminan sobrecargándose de responsabilidades y desarrollando un nivel de autoexigencia que puede ser muy destructivo. 

La salida está en aprender a poner límites. Todo don que nos es dado en la vida es para compartirlo, pero también cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de compensar de alguna manera los favores que nos hacen, o las ayudas que nos prodigan. Que el hecho de ser mejor en algo no traiga solo más obligaciones y responsabilidades; que esto también se vea compensado con gratitud y consideración. 


Blog lamentesmaravillosa
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