viernes, enero 27, 2012 |
Nada dura por siempre.... ni siquiera tus problemas
Uno de los mayores placeres en la vida es hacer lo que la gente dijo que nunca ibas a poder hacer.
miércoles, enero 25, 2012 |
Andamos por la vida cargando el peso, de nuestros propios conflictos.

Si encontráramos la forma de liberarnos, de ciertos sentimientos negativos, podríamos hacerlo con la misma facilidad, con la que nos desprendemos de algo que no usamos.

Todos los días venía un maestro diferente a hablar con Francesco.

Se había hecho amigo de uno que se llamaba Pedro, encargado de tener las llaves del Cielo.

Una mañana, cuando Francesco cuidaba su jardín, fue Pedro a visitarlo. Francesco estaba muy alegre porque ese día su jardín se había llenado de rosas.

—¡Veo que tienes una buena familia! —exclamó Pedro.

—¡Hola! ¡Me asustaste! Tú te acercas siempre tan silenciosamente que pareces un fantasma.

—Y tú también te mueves sin hacer ruidos, ya aprendiste a volar sin chocar con tus alas.

—Aprender a volar fue una linda experiencia y, ahora que estoy seguro, hasta juego en el aire. Me siento tan liviano y tan feliz, que no volvería allá abajo. Creo que, cuando uno está vivo, el cuerpo es un gran peso; todo lo que uno hace resulta incómodo y pesado.

—Oh, no, no te confundas, no era el cuerno lo que te pesaba, era el equipaje.

—¿Qué equipaje?

—El equipaje que llevabas sobre tus hombros.

—¿Me puedes aclarar de qué estás hablando?

—Todos los humanos, a medida que van creciendo, van cargando con sus propios equipajes.

Ustedes, las personas, lo llaman cruz, ¿es así?

—Sí, es así, ¿y cómo es que cargamos un equipaje y no tomamos conciencia de que nos hace mal?

—Algunas personas se levantan por la mañana y, antes de comenzar el día, cargan en su propia maleta sus angustias, sus penas, van ubicando en los rincones que están todavía vacíos algunos recuerdos negativos, un poco de culpa, miedo al fracaso y, aunque y a esté bastante pesada, siguen agregando sensaciones a la maleta, estirada y vieja.

Y, para no perder la costumbre, algunos ponen, en algún espacio libre, las dudas del porvenir, algún temor al presente y unos malos tratos, de esos que cuesta olvidar.

Y puedo seguir con la lista de enfermedades, depresiones, etcétera, etcétera; la carga es, a veces, infinita.

Luego, la valija se cierra, se lleva encima y te acompaña durante ¡todo el día. Por supuesto que, por la noche, sientes que su peso te produjo un poco de cansancio; entrando el fin de semana, el peso incrementa, y es mucho peor cuando llega fin de año.

¡Lo peor es que algunas personas no saben aligerar la maleta y, como se llena cada día más, un buen día explota! Y entonces te lastima el cuerpo.

Quiero decir que te enfermas y, en ese mismo momento, algunas personas se sienten desconcertadas. Nadie entiende que el espíritu fue mandando señales en forma constante, que no soportaba tanta carga, que el equipaje le hacía perder pureza y brillo al alma.

—Creo que tienes razón. ¿Cuál sería la causa por la cual algunas personas ven la vida color de rosa? Esas personas que se ríen a carcajadas hasta llorar. ¿Cuál es el secreto que tienen ellas para andar tan ligeras de equipaje?

—Esas personas saben hasta cuánto pueden cargar, saben decir basta, eligen todo el tiempo, viven la vida hasta el fondo. Saben pedir perdón sin quedarse con rencor, saben recibir ayuda cuando alguien se las ofrece y saben valorarla, tienen el don de dar con el corazón abierto de par en par.

Ríen con todas sus ganas, son comprensivas con los que no quieren cambiar, tienen paciencia con sus sueños, aceptan los fracasos como irte de la vida, sin necesidad de anclarse en ellos y recordarlos todo el tiempo. Se aman y aman a todos los que los rodean. Son humildes, abiertas a recibir todo lo que les puede ofrecer alivio.

Esas personas viven la vida con todos sus sentidos, ven, escuchan y sienten, desde lo más pequeño hasta lo más grande.

Francesco, con su mirada muy baja, clavada en la túnica de su maestro, comentó:

—Esas personas son perfectas.

El maestro, pasando su mano por su luz, queriéndole hacer una caricia, le dijo:

—No son perfectas, son sabias, son perceptivas, no son ni buenas ni malas, simplemente saben vivir. Y te diré que también saben morir.

Y un silencio cubrió el lugar.

—¿Cómo se hace para dejar el equipaje a un costado? —preguntó en voz baja Francesco. ¿Dónde se puede dejar el peso de los recuerdos, de las frustraciones, de las tristezas?

—Empecemos por orden. Cuando te refieres a los recuerdos, ¿tú hablas de los negativos o de los positivos?

—Hablo de los negativos. Creo que los otros no pesan...

—Sí que pesan porque, si tienes un buen recuerdo de algún momento pasado, lo quieres revivir y, si no lo puedes hacer, te sientes mal; por eso es importante que cada momento grato lo guardes en el estuche del alma.

Nada se repite de la misma manera, los momentos son distintos, las personas cambian en cada minuto, cada situación es diferente.

Igualmente los positivos pesan mucho menos.

Los pensamientos negativos son recurrentes, a veces son situaciones que no estuvieron resueltas totalmente.

Tu mente quiere que, de algún modo, les encuentres una solución y entonces te aparecen en cualquier momento.

Y eso te angustia y te deprime: eso es dejar que tu mente entre en la memoria del dolor.

—¿Qué puedes hacer cuando aparecen estas sensaciones dentro de la mente?

—Déjalas que aparezcan. No te resistas, siéntate tranquilo y piensa y trata de ver esa escena que te angustia.

Haz de cuenta que estás viendo una película. Pasa la imagen más lentamente o con más rapidez, agrégale colores a la imagen o déjala en blanco y negro.

Uno es lo que piensa, y la forma en que recuerda los hechos que fueron pasando en su vida determina cómo va a actuar en el futuro.

Como el pasado no lo puedes cambiar, la mejor manera de defenderte de los recuerdos con peso es cambiar el modo en que los recuerdas; puedes agregarles colores, olores, sensaciones, y averiguar de qué forma ese recuerdo puede quedar superado o mejorado.

Recuerda: si tuviste una vez una experiencia negativa, para qué recordarla. No vale la pena gastar lágrimas nuevas en penas pasadas.

—Y dime, maestro, ¿cómo puedes dejar fuera de la valija las frustraciones, creo se sienten bastante pesadas?

—Mira, la frustración es como una pelota rellena de impulsos, deseos, trabajo, ilusiones, apegos. Cuando estás a punto de dar el puntapié inicial para lanzarla, la pelota se corre de lugar y no la puedes alcanzar.

Como no has resuelto esa situación, la pelota se queda botando a tu lado, haciendo el ruido característico de cuando la haces chocar contra el suelo.

Entonces, te aturde, te molesta y ya no quieres volver a intentarlo; pero tienes que entender que, si algo no se dio, fue por alguna causa desconocida para ti, aunque no le encuentres la razón.

Hay que ir liviano por la vida; todas las personas tienen que aprender a volar, aunque crean no tener alas.

Las alas crecen en el alma, en la mente, en los sentimientos.

Para qué llevar equipaje, si es tan lindo ser libre, y que esa libertad sea la que te da la ausencia de malos pensamientos.

Recuerda, Francesco, la próxima vez, nada de rencores ni de miedos.

El amor, la caridad, la bondad no pesan nada y son buenas compañías en todos los momentos de la vida.

Extracto de "Francesco Una vida entre el Cielo y la Tierra de Yohana Garcia"
lunes, enero 23, 2012 |
* Observa el amanecer por lo menos una vez al año.
* Estrecha la mano con firmeza, y mira a la gente de frente a los ojos.
* Ten un buen equipo de música.
* Elige a un socio de la misma manera que elegirías a un compañero de tenis: busca que sea fuerte donde tú eres débil y viceversa.
* Desconfía de los fanfarrones: nadie alardea de lo que le sobra.
* Recuerda los cumpleaños de la gente que te importa.
* Evita a las personas negativas; siempre tienen un problema para cada solución.
* Maneja autos que no sean muy caros, pero date el gusto de tener una buena casa.
* Nunca existe una segunda oportunidad para causar una buena primera impresión.
* No hagas comentarios sobre el peso de una persona, ni le digas a alguien que está perdiendo el pelo. Ya lo sabe.
* No digas que te falta tiempo, tienes exactamente el mismo numero de horas al día que las que recibieron Helen Keller, Pasteur, Miguel Ángel, la Madre Teresa de Calcuta, Leonardo da Vinci y Albert Einstein.
* Recuerda que se logra más de las personas por medio del estímulo que del reproche.
* Anímate a presentarte a alguien que te cae bien simplemente con una sonrisa y diciendo: Mi nombre es fulano de tal; todavía no nos han presentado.
* Nunca amenaces si no estás dispuesto a cumplir.
* Muestra respeto extra por las personas que hacen el trabajo más pesado.
* Haz lo que sea correcto, sin importar lo que otros piensen.
* Dale una mano a tu hijo cada vez que tengas la oportunidad. Llegará el momento en que ya no te dejará hacerlo.
* Aprende a mirar a la gente desde sus sandalias y no desde las tuyas. Ubica tus pretensiones en el marco de tus posibilidades.
* Recuerda el viejo proverbio: Sin deudas, sin peligro.
* No hay nada más difícil que responder a las preguntas de los necios.
* Aprende a compartir con los demás y descubre la alegría de ser útil a tu prójimo. (El que no vive para servir, no sirve para vivir)
* Acude a tus compromisos a tiempo. La puntualidad es el respeto por el tiempo ajeno.
* Confía en Dios, pero cierra tu auto con llave.
* Recuerda que el gran amor y el gran desafío incluyen también "el gran riesgo".
* Nunca confundas riqueza con éxito.
* No pierdas nunca el sentido del humor y aprende a reírte de tus propios defectos.
* No esperes que otro sepa lo que quieres si no lo dices.
* Haz dos copias de las fotos que saques y envíalas a las personas que aparezcan en las fotos.
* No olvides que el silencio es a veces la mejor respuesta.
* No deseches una buena idea porque no te gusta de quien viene.
* Nunca compres un colchón barato: nos pasamos la tercera parte nuestra vida encima de él.
* No confundas confort con felicidad.
* Nunca compres nada eléctrico en una feria artesanal.
* Escucha el doble de lo que hablas (por eso Dios nos dio dos oídos y una sola boca)
* Cuando necesites un consejo profesional, pídelo a profesionales y no a amigos.
* Aprende a distinguir quiénes son tus amigos y quiénes son tus enemigos.
* Nunca envidies: la envidia es el homenaje que la mediocridad le rinde al talento.
* Recuerda que la felicidad no es una meta sino un camino: disfruta mientras lo recorres.
* Sino quieres sentirte frustrado, no te pongas metas imposibles.
* La gente más feliz no necesariamente tiene lo mejor de todo...
* Simplemente disfruta al máximo de todo lo que Dios pone en su camino.

Jackson Brown
viernes, enero 20, 2012 |
La amistad es un espejo que refleja la gracia de Dios.

A lo largo de mi vida, tengo infinitas oportunidades de ser un amigo y de hacer nuevas amistades. Cada relación personal me permite experimentar a Dios —mediante la bondad, la paz, la felicidad y el amor. Una amistad también me brinda la oportunidad de compartir mis dones.


Mis amigos y yo balanceamos nuestras fortalezas y debilidades, y disfrutamos de una camaradería a medida que transitamos por la vida. Mis amigos me conocen y aman, elevan mi espíritu con su presencia y me ayudan a encontrar mi lugar en el mundo.

Yo retribuyo con alegría y lealtad. Cada amigo es una bendición en mi vida, ayudándome a ser la persona que soy hoy. Doy gracias a Dios por mis amigos.

La Palabra Diaria
miércoles, enero 18, 2012 |
Deslizarte a través de tus cualidades sin prestarle atención a los defectos que tu mente cree que tienes es un arte que tu puedes dominar y perfeccionar. Nuestro propósito en esta vida es recordar que somos perfectos, y esa es nuestra primordial meta para luego desarrollarnos en nuestros únicos talentos.

Es sabido que nuestro peor enemigo no se encuentra fuera de nosotros, y que nos vamos destruyendo lentamente no por lo que otros dicen o nos hacen sino por lo que creemos que somos. Con nuestros propios juicios es como nos dañamos y no con nuestras experiencias ya que estas son solo la consecuencia. Constantemente estamos tejiendo y entrelazando pensamientos acerca de nuestras imperfecciones y defectos sin darnos cuenta que somos los creadores de estas. Ellas van en aumento lentamente en la medida que vamos constatando que estas se vuelven reales., y no solo nos lo creemos sino que también lo estamos creando y proyectando en el mundo externo y vamos envejeciendo sin saber que podemos crear cambios en nuestra existencia.

No olvidemos que el mundo que vemos es el espejo de todo lo que hemos creído.

Si hay algo que te disgusta en tu experiencia, en vez de intentar cambiar lo que sucede debes iniciar el cambio en la forma como lo percibes y el significado que le das, que es lo único que puedes hacer, porque el cambio comienza en el proyector no en la pantalla de la vida. Es mirando en tu interior.

Si yo afirmo que soy incapaz de aprender algo nuevo, o me siento inútil para realizar determinada actividad, dejaré de intentarlo y me volveré torpe e inepta. Al igual si creo que soy tímida en mis relaciones y tengo dificultad para expresar mis pensamientos, así lo estoy creando, me iré retrayendo, confirmando y reforzando mi afirmación.

Si no me siento valiosa, merecedora, digna de tener amor, de poseer una buena remuneración, alegrías, estabilidad, así es la vida que me estoy creando. Todas nuestras creencias se convierten en una profecía auto cumplida.

¿Entonces como cambiar los patrones o programas que me he auto creado?

1) Lo primero que tengo que hacer es estar muy alerta acerca de mis pensamientos, en que me enfoco, si estos están basado en mis cualidades o en los defectos que creo tener, que digo acerca de mí y de otros, en que deposito mi atención.

2) Cada vez que me sorprenda pensando negativamente de mi o de alguien más en mi mundo exterior, puedo agradecer y amar estos pensamientos. De esta manera estoy permitiendo que la energía asociada a ellos se libere, se transforme y luego se desvanezca, esto se llama transmutación. Si los alimento con mas sentimientos negativos, les estoy dando combustible, si los amo, los estoy liberando y dejando partir sin que estos me afecten. Los estoy soltando.

3) Enfocarme intencionalmente en el amor y en el agradecimiento, aunque inicialmente no lo sienta, cambian la vibración de mis pensamientos y sentimientos.

4) Usar como guía mis sensaciones y sentimientos, ellos me indican lo que mi corazón me pide. Muchas veces estamos inmersos en actividades que no nos gustan, no nos satisfacen pero seguimos allí por nuestras creencias y temores y no oímos o no estamos conectados con nuestro ser interior. Prestar atención es una excelente brújula que nos puede guiar a estar sintonizados.

5) Estar abiertos a estar equivocados, en todo lo que pensamos y creemos.

6) Reconocer que no sabemos nada y pedir respuestas que no provengan de nuestra mente y luego soltar. En algún momento sin esperar las respuestas, estas aparecen si no las buscamos y confiamos. Hay una parte en nosotros que siempre sabe lo que es correcto, esta parte está conectada directamente a la fuente y nos habla y envía señales constantemente pero estamos muy ocupados y enfrascados en el ruido mental.

7) Prestar atención especial a aquellos pensamientos que comiencen con “NO” así como no puedo, no tengo, no merezco, no debo, y seguir el paso 2 y 3.

8) Ubicarnos en el presente, regresar cada vez que viajamos con nuestra mente al pasado o al futuro. Lo único real es lo que sucede ahora.

9) Estar dispuesto a dejar partir lo viejo, desapegarnos de todo lo que creemos, las cosas, las personas, etc. El mayor impedimento al cambio son nuestros apegos a lo conocido, sean incluso pensamientos negativos acerca de nosotros mismos.

Esto no significa que nada nos importe, significa que no nos importe demasiado y poder pasar la página para que lo nuevo entre en nuestra vida.

Por último quiero mencionar que en la medida que me transformo, mi mundo también cambia porque no estamos aislados. Tú y yo, somos uno y el cordón que nos une es el amor y el que nos aísla es el miedo. Si trabajo únicamente en mi, mi mundo estará bien.

Te amo

Jocelyne Ramniceanu
lunes, enero 16, 2012 |
Érase una vez un maestro que hablaba a un grupo de gente y su mensaje resultaba tan maravilloso que todas las personas que estaban allí reunidas se sintieron conmovidas por sus palabras de amor. En medio de esa multitud, se encontraba un hombre que había escuchado todas las palabras que el maestro había pronunciado. Era un hombre muy humilde y de gran corazón, que se sintió tan conmovido por las palabras del maestro que sintió la necesidad de invitarlo a su hogar.

Así pues, cuando el maestro acabó de hablar, el hombre se abrió paso entre la multitud, se acercó a él y, mirándole a los ojos, le dijo: «Sé que está muy ocupado y que todos requieren su atención. También sé que casi no dispone de tiempo ni para escuchar mis palabras, pero mi corazón se siente tan libre y es tanto el amor que siento por usted que me mueve la necesidad de invitarle a mi hogar. Quiero prepararle la mejor de las comidas. No espero que acepte, pero quería que lo supiera».

El maestro le miró a los ojos, y con la más bella de las sonrisas, le contestó:
«Prepáralo todo. Iré». Entonces, el maestro se alejó.
Al oír estas palabras el corazón del hombre se sintió lleno de júbilo. A duras penas podía esperar a que llegase el momento de servir al maestro y expresarle el amor que sentía por él. Sería el día más importante de su vida: el maestro estaría con él. Compró la mejor comida y el mejor vino y buscó las ropas más preciosas para ofrecérselas como regalo. Después corrió hacia su casa a fin de llevar a cabo todos los preparativos para recibir al maestro. Lo limpió todo, preparó una comida deliciosa y decoró bellamente la mesa. Su corazón estaba rebosante de alegría porque el maestro pronto estaría allí.

El hombre esperaba ansioso cuando alguien llamó a la puerta. La abrió con afán pero, en lugar del maestro, se encontró con una anciana. Ésta le miró a los ojos y le dijo: «Estoy hambrienta. ¿Podrías darme un trozo de pan?».

El se sintió un poco decepcionado al ver que no se trataba del maestro. Miró a la mujer y le dijo: «Por favor, entre en mi casa». La sentó en el lugar que había preparado para el maestro y le ofreció la comida que había cocinado para él. Pero estaba ansioso y esperaba que la mujer se diese prisa en acabar de comer. La anciana se sintió conmovida por la generosidad de este hombre. Le dio las gracias y se marchó.

Apenas hubo acabado de preparar de nuevo la mesa para el maestro cuando alguien volvió a llamar a su puerta. Esta vez se trataba de un desconocido que había viajado a través del desierto. El forastero le miró y le dijo: «Estoy sediento. ¿Podrías darme algo para beber?».

De nuevo se sintió un poco decepcionado porque no se trataba del maestro, pero aun así, invitó al desconocido a entrar en su casa, hizo que se sentase en el lugar que había preparado para el maestro y le sirvió el vino que quería ofrecerle a él. Cuando se marchó, volvió a preparar de nuevo todas las cosas.

Por tercera vez, alguien llamó a la puerta, y cuando la abrió, se encontró con un niño. Éste elevó su mirada hacia él y le dijo: «Estoy congelado. ¿Podría darme una manta para cubrir mi cuerpo?».

Estaba un poco decepcionado porque no se trataba del maestro, pero miró al niño a los ojos y sintió amor en su corazón. Rápidamente cogió las ropas que había comprado para el maestro y le cubrió con ellas. El niño le dio las gracias y se marchó.

Volvió a prepararlo todo de nuevo para el maestro y después se dispuso a esperarle hasta que se hizo muy tarde. Cuando comprendió que no acudiría se sintió decepcionado, pero lo perdonó de inmediato. Se dijo a sí mismo: «Sabía que no podía esperar que el maestro viniese a esta humilde casa. Me dijo que lo haría, pero algún asunto de mayor importancia lo habrá llevado a cualquier otra parte. No ha venido,
pero al menos aceptó la invitación y eso es suficiente para que mi corazón se sienta feliz».

Entonces, guardó la comida y el vino y se acostó. Aquella noche soñó que el maestro le hacía una visita. Al verlo, se sintió feliz sin saber que se trataba de un sueño.
«¡Ha venido maestro! Ha mantenido su palabra.»

El maestro le contestó: «Sí, estoy aquí, pero estuve aquí antes. Estaba hambriento y me diste de comer. Estaba sediento y me ofreciste vino. Tenía frío y me cubriste con ropas. Todo lo que haces por los demás, lo haces por mí».

El hombre se despertó con el corazón rebosante de dicha porque había comprendido la enseñanza del maestro. Lo amaba tanto que había enviado a tres personas para que le transmitiesen la lección más grande: que él vive en el interior de todas las personas. Cuando das de comer al hambriento, de beber al sediento y cubres al que tiene frío, ofreces tu amor al maestro.

Una historia Tolteca.
lunes, enero 09, 2012 |
La garganta representa nuestra capacidad de «defender­nos» verbalmente, de pedir lo que queremos, de decir «yo soy», etcétera. Cuando tenemos problemas con ella, eso sig­nifica generalmente que no nos sentimos con derecho a ha­cer esas cosas. Nos sentimos inadecuados para hacernos valer.

El dolor de garganta es siempre enfado. Si además hay un resfriado, existe también confusión mental.

La laringitis significa generalmente que uno está tan enojado que no puede hablar.

La garganta representa también el fluir de la creatividad en nuestro cuerpo. Es el lugar del cuerpo donde expresamos nuestra creatividad, y cuando la frustramos y la sofocamos, es frecuente que tengamos problemas de garganta. Todos sabemos cuántas personas hay que viven toda su vida para los demás, sin hacer jamás lo que quieren. Siempre están complaciendo a madres, cónyuges, amantes o jefes. La amigdalitis y los problemas tiroideos no son más que crea­tividad frustrada, incapaz de expresarse.

El centro energético situado en la garganta, el quinto chakra, es el lugar del cuerpo donde tiene lugar el cambio. Cuando nos resistimos al cambio, o nos encontramos en pleno cambio, o estamos intentando cambiar, es frecuente que tengamos mucha actividad en la garganta o cuando oiga toser a otra persona. Cuando tosa, pregúntese: «¿Qué es lo que se acaba de decir? ¿A qué estamos reaccionando? ¿Es resistencia y obstinación, o es que el proceso de cambio se está produciendo?». En mis seminarios, uso las toses como un medio de autodescubrimiento. Cada vez que alguien tose, hago que se toque la garganta y diga en voz alta: «Es­toy dispuesto a cambiar» o «Estoy cambiando».

Lic. Magdalena Grimaldi
Blog Widget by LinkWithin