miércoles, noviembre 30, 2016 |
El perdón es un proceso complejo que te exige poner en juego muchos de tus recursos emocionales. Difícilmente se produce en forma espontánea, especialmente si la herida ha sido profunda. Por eso es frecuente que sea muy difícil perdonar. Lo malo es que ese rencor puede terminar afectando seriamente tu salud y tu bienestar. 

A veces puede dar la sensación de que el dolor físico no tiene explicación. Pero no es así. No imaginas cuántos dolores en el cuerpo se ocasionan realmente en la mente y en las emociones. 

Los consultorios médicos permanecen atestados de personas que buscan alivio para esas dolencias y, la mayoría de las veces solo encuentran una receta que enmascara los síntomas. El problema es que, cuando la causa de unos síntomas no es evidente y estos en principio no son preocupantes, no se suelen destinar demasiados recursos a encontrar su origen. 

 “Enseñemos a perdonar; pero enseñemos también a no ofender. Sería más eficiente” –José Ingenieros– 

Todo aquello que está en la mente, repercute en el cuerpo. La razón es muy sencilla: prácticamente todo nuestro organismo está asociado con el sistema nervioso. Este, a su vez, es el encargado de percibir y procesar las emociones. Así, cuando las emociones y/o los pensamientos están alterados y no son procesados, se manifiestan de igual forma. 

Muchas veces lo hacen en forma de molestias o de dolor físico en alguna parte del cuerpo. Un dolor para el que no se identifica ninguna causa visible en ningún tipo de prueba que busque una alteración fisiológica. Algo que puede desesperar al paciente, pero también puede hacerlo con el médico si este no está familiarizado con las enfermedades funcionales.

El cuerpo y el perdón 

Los estudiosos del tema han podido establecer una clara relación entre el dolor físico y procesos emocionales, como el perdón. Hablamos del perdón porque se trata de uno de esos procesos emocionales complejos, que involucran emociones muy potentes y difíciles de digerir. Está relacionado con la ira, la tristeza, la paranoia y el rencor. Por eso puede causar graves daños emocionales, pero también manifestarse como dolor físico. 

El cuerpo grita lo que la palabra calla. No perdonar es vivir en el pasado, atados a un sentimiento que no evoluciona. Un rencor enmascarado que se estanca y se alimenta a sí mismo de una forma muy negativa. Algunos dicen que es como tener un carbón ardiendo entre las manos, a la espera del momento oportuno para arrojárselo a esa persona por la que se siente rencor. Es más el daño que hace a quien lo sostiene, que al otro. 

Existen determinados órganos del cuerpo que están especialmente relacionados con las huellas de un perdón que aún nos e ha producido. La garganta, el sistema respiratorio, el cuello, los tobillos, la espalda -entre otras- son zonas del cuerpo que, cuando duelen sin razón aparente, pueden indicar la existencia de un proceso de perdón que no se ha completado. 

El mapa del perdón en el cuerpo 

Es bueno que estés atento a esos dolores físicos que aparecen y desaparecen reiterativamente, sin que haya una razón específica para que así sea. Lo más probable es que se trate de emociones no resueltas, en particular, de un perdón que no se ha otorgado. Así habla tu cuerpo del perdón: 

  • Dolor e irritación de la garganta. El dolor de garganta está relacionado con palabras que no se han dicho, o con una incapacidad para expresar el dolor que surgió después de sufrir una afrenta. 
  • La gripe frecuente. Habla de lágrimas que no han sido lloradas, seguramente por orgullo, o porque hay tanta ira que impide reconocer el daño que nos han causado. 
  • El dolor en el cuello. Esta zona del cuerpo refleja la flexibilidad o inflexibilidad de una persona. Si el rencor se ha instalado en la vida, probablemente la región del cuello se verá muy afectada. El rencor es una pasión que induce a una fuerte tensión que se debe sostener por mucho tiempo y por eso termina afectando la musculatura del cuello. 
  • Los tobillos. Cuando no quieres abrir el camino hacia un proceso de perdón, es muy probable que tus tobillos lo reflejen. Es una articulación en la que se proyecta la capacidad de avance en la vida. Cuando sufren dolor, casi siempre es porque te has estancado en un sentimiento negativo. 
  • El dolor de espalda. En este caso lo que ocurre es que la ausencia de perdón se experimenta como una carga que se rechaza inconscientemente. El rencor origina un peso emocional que se traduce en dolor de espalda, especialmente en la zona media. Si el rencor está relacionado con temas de dinero, es más frecuente que se proyecte en la zona baja. 
  • Molestias en las rodillas. Frecuentemente están asociadas con la resistencia a doblegarse. Es el orgullo el que está dominando los actos. Se cree, consciente o inconscientemente, que perdonar es un acto de sometimiento. 
  • Los dientes y las encías. Estas partes del cuerpo están estrechamente ligadas con todo tipo de sentimientos agresivos. Cuando hay dificultad para expresar el enojo, lo más probable es que los dientes se resquebrajen o las encías se inflamen. Si la ira es mayor, los dientes tienden a perder su posición. 

El cuerpo es como un mapa en el que se puede seguir la ruta de esas emociones que están contenidas, que no han sido expresadas. No somos solo un organismo, o solo una mente. Mente y cuerpo están unidos, se complementan, se influyen mutuamente. Por eso, cuando hay dolor físico, siempre se debe reflexionar sobre el componente emocional que puede estar asociado.
lunes, noviembre 28, 2016 |
 La palabra astral, que comenzó a ser utilizada por alquimistas de la Edad Media, significa estelar, y nos da a entender que está referida, en relación al ser humano, a la luminosidad de su materia así denominada, parecida a la de una estrella. 

El estudio de este mundo o plano es uno de los más complejos, pero, afortunadamente, se ha avanzado mucho en él, se saben muchas cosas que, en su mayor parte, parecen haber sido comprobadas por personas ya tan evolucionadas que pueden ser tenidas como Guías o Maestros. 

Se dispone de la vista astral, también llamada vista de la cuarta dimensión debido a que, ciertamente, sus alcances sobrepasan los habituales de la vista que vamos a llamar "normal", o sea, la de la persona corriente. 

Los chakras o centros de fuerza también son conocidos, y además, de muy antiguo. También para verlos es preciso de la vista astral, y entonces se captan cosas que sólo pueden ser calificadas de maravillosas e incluso de portentosas. Tampoco es fácil estudiar los chakras. 

Sin embargo, siempre hay un sistema que lo facilita todo cuando el ser humano desea aprender; quiere decirse que lo desea personal e íntimamente, no que se le impone determinado aprendizaje. Quien desee verdaderamente aprender el tema del mundo astral y los chakras lo tiene, en realidad, muy fácil... la voluntad. 

Nada se aprende en profundidad en un instante. Ni siquiera las cosas sencillas. Todo proceso tiene un principio, una base, un abc que debe ser asimilado prioritariamente. Y es con la ampliación progresiva de conocimientos que el ser humano abandona las bajas y groseras esferas en las que suele habitar y llega, más pronto o más tarde, a alcanzar las más altas cimas de la noble condición de ser humano evolucionado "de hombre despierto". 

El camino empieza ahora®

Juan Narvaez
viernes, noviembre 25, 2016 |
 ¿Sabías que un paseo ligero activa tu cerebro y lo pone a trabajar?

Por Adrián Triglia
Psicólogo, publicista y escritor | Jefe de contenidos de Psicología y Mente

El ejercicio físico siempre ha estado asociado a la tonificación de los músculos, la quema de calorías y la prevención de enfermedades, pero lo cierto es que sus efectos positivos repercuten incluso en nuestra faceta psicológica. 

De hecho, buena parte de los beneficios de moverse y estirar los músculos tienen que ver con mejoras no ya en cómo nos sentimos, sino en el modo en el que pensamos. Y, aunque pueda parecer extraño, esto se nota incluso en modalidades de ejercicio tan sencillas como la rutina de caminar cada día. 

Algunos investigadores creen que caminar puede ser un buen recurso para ayudarnos a pensar de manera más creativa. Veamos por qué se ha llegado a esta conclusión. 

Caminar para liberar la mente 

Hay personas que, cuando pretenden concentrarse, en vez de permanecer inmóviles al estilo de la escultura de El Pensador se ponen a caminar de un lado a otro, aunque se encuentren en una habitación relativamente pequeña. 

Este hecho puede ser interpretado como una pista acerca de uno de los efectos de salir a dar un paseo: nos permite pensar con mayor claridad. Es algo que puede resultar sorprendente, ya que sería fácil imaginarse el efecto contrario, es decir, creer que pensar y caminar a la vez cuesta más al tratarse de dos tareas a las que tenemos que atender por separado. Sin embargo, esto no ocurre, porque la acción de caminar actúa como una especie de meditación. Esto es así por varios motivos. 


El círculo vicioso que atrapa nuestra atención 

El primer motivo es que caminar sirve para liberar tensiones. Además de ser útil para ejercitar buena parte de los grupos musculares más grandes del cuerpo humano, los paseos son una forma sencilla de reducir los niveles de estrés, algo que de por sí resulta positivo, ya que los periodos prolongados de exposición al estrés tienen un efecto negativo sobre nuestro sistema inmunológico. Pero además existe otra ventaja relacionada con el modo en el que caminar hace que gestionemos nuestra atención. En concreto, esta actividad hace que dejemos de pensar constantemente en cosas que producen ansiedad. 

Muchas veces, en el momento en el que hay algo en nuestro día a día que nos produce una cierta ansiedad o tristeza se produce en nosotros algo que en psicología se conoce como rumiación, es decir, una tendencia a llevar nuestros pensamientos hacia el origen de ese malestar de manera constante, lo cual en ocasiones hace que entremos en un círculo vicioso y que cada vez nos sintamos peor. La rumiación es una especie de vía de tren que guía constantemente nuestros pensamientos hacia lo que nos produce malestar, y por eso mismo se alimenta de la rutina. 

Cuanto más nos expongamos a estímulos que ya hemos experimentado antes, más probable será que el foco de nuestra atención vuelva a dirigirse hacia esas ideas o recuerdos que producen estrés, porque ya nos habremos acostumbrado a asociar todo lo que hagamos con los sentimientos negativos asociados a lo rutinario. 

Rompiendo con los caminos preestablecidos 

Caminar es una experiencia que nos permite "desenganchar" nuestra atención de esas vías por las que suele correr nuestro pensamiento porque, además de reducir el estrés a través de un ligero ejercicio físico, hace que nuestro pensamiento sea más espontáneo e improvisado al exponernos a ambientes cambiantes, novedosos. Y, con la percepción de situaciones novedosas, llega también la capacidad de pensar de manera más creativa. 

Además, como andar es una tarea muy sencilla que normalmente no cuesta realizar, no es necesario que nuestra atención quede muy focalizada en esta secuencia de movimientos. 

Caminar es lo suficientemente relevante como para hacer que nos olvidemos de los circuitos de pensamiento a los que estamos acostumbrados, pero a la vez es lo suficientemente simple como para dejar que nuestra atención pueda encontrar distracciones de manera espontánea. 

El proceso, resumido en sus puntos fundamentales, es el siguiente: 

  • El sedentarismo y la monotonía hacen que nuestro pensamiento se tope siempre con los mismos estímulos y las mismas referencias, las cuales nos conducen siempre a las mismas ideas y sensaciones, atrapándonos en un círculo vicioso. 
  • El ejercicio físico moderado relacionado con la acción de caminar hace que nos sintamos mejor, lo cual hace que sea menos probable que nuestra atención se quede focalizada siempre en nuestras preocupaciones, ya que cambia el modo en el que vemos el mundo. 
  • A su vez, el mundo al que miramos también cambia literalmente, porque nos mantenemos siempre en movimiento. Como resultado, pensamos de una manera espontánea y diferente, encontramos relaciones entre ideas y sensaciones que antes no se nos había ocurrido relacionar y empezamos a crear experiencias muy ligadas a este impulso creativo. 


Un sendero creativo a través de los árboles 

Ya hemos visto que caminar tiene beneficios psicológicos fáciles de encontrar en casi cualquier contexto, pero hay un tipo de ambiente que combina muy bien con esta actividad: los entornos naturales con vegetación. 

La calidad del aire de estos espacios, el encanto de este tipo de zonas y la ausencia de elementos que hacen referencia a nuestra rutina convierten las áreas naturales en un muy buen sitio al que ir para desconectar de todo y hacer que nuestra creatividad y espontaneidad imaginativa se pongan a trabajar.  
Como en un lugar de estas características es difícil que el cuerpo humano encuentre la incomodidad de los ruidos y la contaminación de las ciudades, es mucho más fácil que el nivel de estrés caiga de manera significativa, haciendo que el cerebro se vea con las manos libres para experimentar con el pensamiento y con la riqueza de estímulos que le llegan desde el entorno. La naturaleza es, casi siempre, el mejor lienzo.

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